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sábado, 23 de enero de 2016

A MI NO ME VAN A REMEDAR

Aquel catorce de noviembre del año 1989, a solo unas horas de la despedida final el Negro Alejandro Durán, muy apesadumbrado y nostálgico le comentaba en su estado agónico a José Tapias, su amigo y guacharaquero por más de treinta años, la pena que experimentaba al saber que con él se iba su estilo musical con su nota pesarada y sus bajos de gran profundidad, porque no dejaba seguidores ni discípulos que le dieran continuidad a su obra. Pienso que su elemental y conservadora forma de ejecutar el acordeón, fue admirada, valorada y aplaudida, pero no interesó a los jóvenes músicos que se han venido asomando, cuya preocupación principal ha sido alcanzar un nivel de ejecución cada vez mayor, que les permitirá lucirse en grabaciones, parrandas, conciertos y festivales, logrando así fama y prestigio.

Caso contrario al de Alejo es el de Luis Enrique Martínez, cuya impronta musical representa hoy la columna vertebral del vallenato tradicional y que en los festivales y concursos de acordeón tiene su mayor evidencia, con sus acordes característico en el pase llamado patae’gallina, que lo utilizan todos, léase bien, todos los acordeoneros que han surgido después de él, además de sus florituras con los bajos seguidas de sus vibrantes piques con los pitos agudos de tres coronas lo que podíamos considerar la majestad en la ejecución del acordeón vallenato.

Otro modelo que muchos han seguido y que pasa desapercibido para los exegetas, pontífices y el tumulto de folcloristas del vallenato es el de Juancho Polo Valencia, quien desde su aparición en el mundo fonográfico planteó una forma diferente de interpretar sus cantos con el acordeón: el segmenta la estrofa cantando la primera parte y seguidamente repite la melodía con el instrumento para entonces continuar cantando el resto de la letra. Esto fue asimilado por el negro Alejo, Enrique Díaz y Miguel Durán, entre otros. Diferente a ellos es el caso de Juancho Rois, quien dimensionó de su tocayo Polo Valencia esa expectativa de notas cortas dialogando con el bajo marcaito antes de entrar con una explosión en el teclado del acordeón.



Emilianito Zuleta es otro acordeonero sobresaliente con sus originales pausas o reposos para descansar la nota después de una alegre seguidilla o retreta de pitos, que impuso una verdadera ley musical acatada por grandes maestros del acordeón como Colacho Mendoza y Alfredo Gutiérrez, el rebelde del acordeón, que nunca ha pactado con lo convencional y que con sus dos concursos mundiales ganados en Alemania en 1991 y 93 es sin duda el acordeonero colombiano de mayor reconocimiento universal. Su inesperada ejecución en constante evolución, con sus pinceladas cromáticas hoy nutre a iniciados y consagrados ejecutantes del fuelle.



Sin embargo, la excepción no podía faltar. En Maríangola vivió y murió Don Carmen Mendoza, acordeonero, padre de Carmencito y abuelo de Calata, quien decidió mantener su virginidad musical y cuando Óvido Granados aun adolescente quiso interpretar unas notas de él, malhumorado manifestó: “a mí no me van a estar remedando” y sencillamente colgó la lira, no tocó más y vendió el acordeón. Caso como este de absurda ocurrencia también enriquecen el folclor vallenato.
Por Julio Oñate

sábado, 21 de septiembre de 2013

ALICIA ADORADA



 Años después de la frustrada presentación de Juancho Polo en el Festival de la Leyenda Vallenata en 1972, en el que no alcanzó a llegar a la final, pude  constatar que este legendario acordeonero y compositor, se inscribió nuevamente  en 1975 ante  la oficina de Turismo del Cesar, entidad que en aquel entonces organizaba el Festival Vallenato, para participar como acordeonero profesional  el 28 de abril de ese año,  en la Plaza Alfonso López, pero como no podía  llegar en esa fecha, sino al día siguiente, les comunicó a los organizadores  por medio de un telegrama: “Imposible viajar, sigo esa" Juancho  Polo.

Esta lacónica comunicación me motivó a indagar lo relacionado con la  personalidad y los aspectos de la vida de este humilde hombre que con su  vivaz  inteligencia compuso canciones en las que no sólo narraba lo que le  acontecía a través de asombrosas melodías sino que nos  transporta al  escucharlas a un mundo  más allá de lo material.

No fue fácil penetrar en ese universo fantástico de este músico por la  poca información que se tiene recopilada y por su personalidad uraña que  hacían  difícil conocer sobre sus asuntos.

Por tal razón tomé la decisión de viajar a Flores de María, hoy día  corregimiento del municipio de San Ángel (Magdalena) donde Juancho fue llevado  por sus padres pocos días después de su nacimiento en 1918 en Concordia  (Magdalena).  Ellos, buscando tierras nuevas para cultivos, se trasladaron  a esa rica región conocida en aquel entonces como La Montaña.

Su nombre de pila era Juan Manuel Polo Cervantes, pero ya mayor le  decían Valencia por ser seguidor insigne del poeta payanés Guillermo León  Valencia.

En Flores, después de indagar, pude constatar que Juancho hijo único,  contrario a lo que siempre se ha dicho, aprendió a leer y escribir allí,   con las maestras Ana Cabas, Josefa Valera y Anaul Moreno.

Es inaudito afirmar que un hombre iletrado sea capaz de componer una canción  como "Mujer de adorado pelo" cuyo verso inicial dice:

Mujer de adorado pelo/Y de sonrisa de Aurora/Dime si el sol te enamora/Para  bajártelo del cielo.


El que era un niño introvertido aprendió a tocar sólo el acordeón, así  poco a poco fue conociendo los vericuetos del  instrumento que años  después sería su único compañero en las buenas y en las malas.

Pronto armó su conjunto e inició presentaciones en las fiestas patronales. Con el acordeón le llegaron sus composiciones que se caracterizan  por  un estilo propio, algunas de contenido relevantes, otras compuestas de acuerdo a su estado anímico y al grado de beodez en que se  encontraba.

En el ocaso de su vida se caracterizó por encrucijadas emocionales   generadas por parrandas interminables y francachelas las que  labraron en él una situación personal difícil afectando  su endeble físico  y mancillando además su reputación por las continuas trifulcas que  constantemente creaba,  propia de su dependencia alcohólica y del ambiente que frecuentaba.

Este recorrido tortuoso de senderos enredados en busca de la calma, se  acentúo con la muerte de su esposa Alicia Cantillo cuyo deceso le produjo un   dolor profundo el cual plasmó en una de las más bella canciones  vallenatas "Alicia adorada", grabada como un lamento por Alejo Durán,  en dónde conjuga impotencia, angustia, sufrimiento y la nostalgia que inmisericordemente lo laceraba.

Después de este duro golpe nunca se levantó, ya no tenía una razón para  vivir, era  imposible soportar esa pena, ella era su sol radiante no una  nube pasajera más, esta pena le desbordó el alma y lo aniquiló.

"Como Dios en la tierra no tiene amigos /Como  no tiene amigos  anda en el aire /Tanto le pido y le pido ay hombe y siempre me manda mis  males /Se murió mi compañera que tristeza /Alicia mi compañera que dolor /Y  solamente a Valencia, ay hombre /el guayabo le dejó"



Por Ricardo  Gutiérrez

domingo, 14 de julio de 2013

LA VERDAD SOBRE LA BRASILERA

La Brasilera, es un merengue vallenato muy conocido, del recien fallecido compositor, Rafael Escalona. Pero esta cancion, tiene la misma melodia de un merengue de Leandro Diaz llamado Corina. 

Buscando algo de informacion sobre el caso de la Brasilera y Corina, encontre lo siguiente:

Con toda seguridad, ninguna canción ha tocado las vidas de tantas mujeres como esta Brasilera que nos dejó Rafael Escalona. Con el maestro ya sepultado y homenajeado, no está de más tratar de aproximarnos a una verdad que en alguna parte se quedó embolatada.


La primera "brasilera" necesariamente tiene que ser Corina, un merengue del ciego prodigio Leandro Díaz. Compuesta mucho antes de que Escalona lanzara La brasilera, la canción contiene, con milimétrica precisión, la melodía original, aunque su letra original es otra: Yo contaba una morenita / y quise brindarle mi vida / un día fui a hacerle una visita / pero la encontré retraída...

Claro que la encontró retraída. En realidad, Corina Ramos jamás le aceptó galanteos a Leandro. Hoy, con 75 años, me dijo risueña: "Es que Leandro era más enamorao que un perro lanudo".

Tres años después, Leandro regresó con la misma lana y pretendió a la hermana mayor de Corina, Clementina, quien se convirtió para siempre en alma y ojos del ciego.
Ya van dos mujeres y todavía no aparece Escalona en la película. ¿Cómo terminó Escalona con la melodía? La versión más reciente al respecto la cuenta el artista Efraín Quintero. Es aquí donde surge en esta historia algo parecido a una brasilera de verdad.

En una parranda con varios generales de la época, en la hacienda Las Flores, de propiedad de la familia Murgas, estaba como invitada especial una bella brasilera llamada Pia Dos Santos. Leandro cantó allí su Corina y, aprovechando la melodía, los dos se trenzaron en un duelo de versos, en la mayoría de los cuales Escalona cortejaba a la brasilera. De ahí habría surgido: "Yo la conocí una mañana que llegó en avión a mi tierra...". Ese fue todo el contacto de Escalona con la chica que Quintero describe como "de cabello ensortijado y ojos verdes".

Unos días después, Escalona acude a El Bosque, un bar de muchachas en Valledupar. Allí estaba una Zoila, cuyo nombre artístico era 'La brasilera'. Escalona retrajo los versos de Las flores para cantarle a la meretriz. Y ahí van cuatro "brasileras".

Ricardo Gutiérrez, investigador y coleccionista, nos cuenta otra historia. Dice que a Valledupar llegaron tres santandereanas a trabajar en los bares. Una de ella se llamaba Isabella. Gutiérrez dio con ella hace poco y escuchó la historia de sus propios labios. Según ella, Escalona la abordó en el aeropuerto y ella, por meterle picardía, le dijo que era brasilera.

Escalona contó la historia de muchas maneras posibles, diría yo que según al candor del interlocutor. Me temo que al autor de esta columna le contó la versión más cándida de todas Julio Oñate, el connotado investigador, me cuenta que en efecto el empresario Luis Murgas trajo a Valledupar al Embajador de Brasil y que éste vino con una despampanante sobrina, con la cual Escalona se dio un baño mítico en el río Marquesote y a la que terminó dedicándole Corina, con "melodía prestada". Sostiene Oñate que unos días después conoció a Sofía (la sexta brasilera) y le acomodó a ella la canción de la Dos Santos. El mismo Oñate me cuenta que en el año 1969 conoció en Valledupar a una hermosa brasilera y que ella le aseguró que era la protagonista del tema. Julio ignora si es cierto o no, pero eso no deja de convertirla en la séptima "brasilera".

Hasta que se me dio por llamar a la familia de Murgas, que tiene por qué saber. Ellos me contaron el viernes la verdadera historia. La tal brasilera no era brasilera, sino en efecto santandereana y a todas luces mujer de bar. Escalona andaba tan enamorado de ella que terminó llevándola a la hacienda Murgas, so riesgo de que las esposas "oficiales" de sus amigos se enfurecieran. Optaron entonces por la salida más fácil: les dijeron a las esposas que la joven estrafalaria allí presente era "una brasilera". Para hacer creíble el embeleco, Escalona tomó la canción de Leandro y le puso letra. ¡Las vueltas que da la verdad!

La Contestacion a la Brasilera
Armando Zabaleta, quien juro no volver a Patillal, fue un compositor que nunca se quedaba callado cuando de composiciones se trataba. Leandro dice de el : "...a un compadre del Molino y Villanueva, ese compadre es Armando Zabaleta el hombre que componiendo se respeta demuestra sus cualidades cuando canta, cuando salen las canciones vallenatas y tienen algun detalle se impacienta...".

Armando Zabaleta, sin lugar a dudas tuvo cierta rencilla contra Rafael Escalona. "El Festival" es una cancion que ataca directamente a Escalona :

"el festival vallenato se esta cayendo y con el tiempo lo dejaran de hacer, por que ahi para que gane un musico bueno tiene que estar de acuerdo con Rafael, este año (Luis) Enrique (Martinez) no gana el premio por que Escalona no gusta de el... Zabaleta no va mas al Festival mientras este organizado por Consuelo, por que ella y Escalona quieren acabar con el prestigio de los musicos buenos..."

La contestacion a la Brasilera, es llamada "Rafa no te enamores". Un pedazo de esta cancion, la interpreto Carlos Vives al final del disco de "Clasicos de la Provincia".


Del: ABC del Vallenato

sábado, 29 de junio de 2013

EL DIA QUE ALEJO SE EMBORRACHO


Mucho se ha especulado sobre la vida del ‘negro’ Alejo Durán, especialmente en lo que respecta a su total abstención por el alcohol,  ya,  que algunos afirman que en su juventud si bebía, pero que alguna ocasión bajo el efecto de los radicales etílicos, en una parranda le pegó un pescozón a un necio que lo acosaba y al ver que el tipo tardaba largo rato en recobrar el conocimiento, se llevó un tremendo susto, pensando que lo había dejado listo jurándole entonces a Dios Todopoderoso que no volvería jamas a ingerir un trago, ni gorreao, pero esto son solo especulaciones sin ningún fundamento.

Sobre el particular tengo un testimonio muy revelador y es el de Joselina Salas Buelvas, natural del Yucal (Bolívar), la mujer con quién el negro Alejandro se casó el 7 de marzo de 1951 en Barranquilla, quien me confirmó que ni siquiera el día del festejo matrimonial lo vio empinando el codo, solo tomaba gaseosa y siempre la pedía tapada procediendo a descorcharla con su propio destapador, ya que vivía con el temor de que en una bebida pudieran echarle alguna sustancia maligna, pues ‘El negro’ era supersticioso en extremo.
Sin embargo, un episodio relatado por su guacharaquero de siempre José Tapia Fontalvo, nos muestra quizás la única ocasión en que su férrea voluntad fue quebrantada.  Estaba en Cereté para una fiesta del algodón un 2 de febrero y  a Durán lo atormentaba la urgencia de enviar unos recursos monetarios para su casa en Planeta Rica, pero no aparecía ningún parrandero solicitando un toque.  Como mandado de Dios, se presento  don Roque Guzmán, uno de los grandes bebedores de esa región, inmortalizado por “El cabo Erran” en uno de los clásicos del porro y que lleva su nombre: “Roque Guzmán”.    El personaje con su temple habitual y sabiendo que Durán era un abstemio reconocido le ofreció mil pesos si se tomaba una cerveza.  Bordeaba el año de 1970, cuando la plata todavía tenía valor y la suma ofrecida era un montón de dinero.  Sin dudarlo un instante, Alejo aceptó la oferta y despacho de un solo jalonazo una cerveza costeña.  Don Roque pago la apuesta e inmediatamente le ofreció mil más si se dejaba correr la otra, a lo que ‘El negro’ le respondió: “Pero esa te vale dos mil”.  Guzmán sacó la plata que en esa época no le faltaba, pero ‘El negro’ escurrió el bulto diciendo que con los mil que ya tengo en el bolsillo yo resuelvo mi problema, y en esta forma frustró las intenciones del simpático personaje que lo único que quería era emborracharlo.
Este episodio revela la grandeza del alma del ‘negro’ Alejo, a parte del consabido espíritu de abstinencia, puesto que claudicó pero por el bondadoso fin, de enviar el dinero a su familia y una vez solucionado eso, no se dejo tentar por plata ya que su voluntad fue más fuerte que el atractivo del billete.
Claro que Tapia me comentó además, que Alejo sintió el efecto de la cerveza, ya que iba muy eufórico, con el ojo brillante, el sombrero a medio la’o y apostando que el era capaz de meterse a la corraleja y sacarle cuatro mantazos al toro, pero con el acordeón y ese día, parrandeando con su amigos cereteanos al animar el toque de sus canciones, no se escuchaba el habitual “OA y APA”, sino un grito constante diciendo ¡SABROSO! ¡SABROSO!
Por: Julio Oñate M.
Tomado de la obra: Los secretos del vallenato.