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jueves, 2 de marzo de 2017

EL HOMBRE DE MALAS

El maestro Leandro Díaz en sus años de mocedad por su ceguera sufrió discriminación hasta de su familia, esto lo llevó a ser un caminante, por su pobreza extrema deambuló por toda la península guajira y norte del Cesar en la búsqueda incesante de subsistencia, y tal vez de su gloria musical, ejerciendo todo tipo de actividades que le permitía su limitación física, era tan dura la situación en esos momentos que ejerció hasta de clarividente.
En Urumita predecía el futuro a las damas a través de la mano y las cenizas del tabaco, unas atraídas por el verbo cayeron rendidas a sus pies flechadas por cupido, otras querían saber quién sería su media naranja, la fama de Leandro como adivino crecía, hasta que un marido celoso le hizo poner pies en polvorosa.
Su trashumancia continuaba, se dirigía a cumplir su cita con la fama, iba hacia Media Luna, El Rincón, Tocaimo y San Diego de las Flores, región que lo cobijaría, encontró seguridad y tranquilidad para hacer canciones que el mundo conocería.
En Tocaimo, Leandro agradaba a sus amigos y a su corazón con cantos que hoy son famosos, allí se inspiró e hizo su máxima obra ‘Matilde Lina’, sus amistades le correspondían con algún dinero, el los inmortalizó en los ‘Los tocaimeros’.

Conformó en San Diego el grupo musical ‘Las Tres Guitarras, eran: Antonio Ibrahim, Juan Calderón, Hugo Araujo, él cantaba y tocaba guacharaca, con ellos estrenó muchos cantos y les hizo la canción ‘Las tres guitarras”, que presentó al Festival Vallenato, donde pasó desapercibida.

No todo era color de rosa a pesar que el éxito comenzó a sonreírle a Leandro con su obra ‘Matilde Lina’, sonaba en todo el continente en diferentes versiones.

Hugo, su amigo y compañero de andanzas, aprovechaba la ceguera de Díaz para jugarle bromas y coquetearle a las conquistas amorosas de Leandro, la situación era tensa hasta que Araujo, en virtud al éxito alcanzado por esta canción y la elegancia de Matilde, le compuso a esta el canto ‘Diosa divina’, lo grabó Oñate y después Silvestre Dangond.
Leandro conminó a Hugo a la lealtad con la canción ‘Dos papeles: “el hombre recorre caminos llenos de maldad y rencores, hasta lastimar las heridas que han dejado viejos amores”.




En el Valle es usual que músicos contrapunteen sin que la amistad se resquebraje, la de Leandro y Araujo continuó, también los sobresaltos económicos. Hugo además de vivir de la serenata y la parranda, tenía su tienda de comestibles a la cual Leandro en un momento crítico acudió a que le fiara, no había toque esos días. Hugo lo divisó a lo lejos, sabía a qué iba y dijo antes que Díaz entrara que estaba quebrado, fiaban y no pagaban, el compositor fue a casa descorazonado pero no vencido, lo inspiró, había nacido un canto: ‘El hombre de malas’: “una vez estuve de mala situación, el amigo que tenía se me fue alejando, cuando vio que me estaba recuperando, se acercó queriendo dar explicación”.


Por Celso Guerra Gutierrez

viernes, 13 de diciembre de 2013

EL POLLO VALLENATO, EL GRAN INNOVADOR

El Pollo Vallenato, el gran innovador
Con Luis Enrique Martínez, a quien conocí por intermedio de un pariente cercano de El Copey, César, tuve la oportunidad de compartir cuando adelantaba mis estudios de bachillerato en Medellín donde se encontraba realizando unas grabaciones musicales, oportunidad que aproveché para que me hiciera un recuento de su vida musical, tomando como partida Los Haticos, un corregimiento Fonseca, donde nació en 1923. 
Comentó que a su padre, Santander Martínez, quien combinaba el oficio de hacer techos de palma, con el de  acordeonero, lo acompañaba con las maracas o con el redoblante en las alegres colitas.  En Fundación donde lo llevo su madre Natividad Argote en busca de las nuevas oportunidades que le podría brindar la bonanza bananera, se especializó en aserrar madera, actividad que alterno con la música. Allí aprendió del acordeonero Pacho Rada. Sus conocimientos musicales los perfecciono con los músico de la Provincia, al lograr cierta notoriedad se dedicó a este nuevo oficio que ejercía donde lo solicitaban. Fue así como llegó al Banco-Magdalena donde conoció a Juan Madrid quien lo enseñó a cantar y a acompañarse con la guitarra.
Luis Enrique Martínez, de estilo inconfundible por sus notas picantes y lucidas, que adornadas con su digitación asombrosa producía versos mordaces y en ocasiones versos sensibles.  Le decían el Pollo Vallenato porque se asemejaba en las parrandas a un gallo fino que nunca pierde una pelea. Seguro de vencer en las piquerias, compuso la canción desafiante "El pollo Vallenato":
"Oigan muchacho, yo soy Enrique Martínez/que nunca tiene miedo si se trata de tocar/Luis Martínez es el “El Pollo Vallenato”/y es candela lo que van a llevar".

 
Rafael Escalona años después también tomó la figura del gallo fino, para motivar la campaña presidencial de Alfonso López Michelsen, comparando las concentraciones de gallos con las contiendas políticas de los candidatos y compuso el paseo "López es el pollo",  "El Partido Liberal tiene el hombre/en la plaza de Bolívar se grita/López es el Pollo, López es el Gallo/el Presidente que Colombia necesita".
Siempre se recuerda con nostalgia las melodías de antaño, Luis Enrique interpretaba el son de Pacho Rada, el paseo y el merengue de los músicos de su tierra y sus obras musicales que emergían de sus vivencias. Es Imposible olvidar la puya "Francisco el Hombre",  que le compuso a este legendario acordeonero que conoció en Machobayo, un caserío cercano a Riohacha. También aprendió a tocar la cumbia con Andrés Paz, autor de la  melodía de "La cumbia cienaguera" a la que le hizo los arreglos musicales y la grabó en 1951 con un novedoso acordeón de tres hileras. Esta cumbia considerada por la Sinfónica de Londres como una de las grandes obras populares del mundo, fue presentada en Suecia con ocasión de la entrega del premio Nobel de Literatura a Gabo.
Fue uno de los primeros músicos  que grabo composiciones vallenatas, en ellas se destaca las figuras que creaba con los bajos, diferente al marcante tradicional de sus antecesores, esta genialidad y versatilidad engrandeció nuestra música. Las interpretaciones de sus canciones siempre llevaban una introducción melodiosa y mantenía la misma tonalidad en su acordeón, aunque pasara de una hilera a otra.
Este Rey Vallenato que se destacó como acordeonero, cantante, compositor y verseador, dejó un legado inmenso.  Sus interpretaciones son la sublime conjugación de los instrumentos con el cantante. Sus innovaciones gestaron una escuela con muchísimos seguidores, donde  los bajos  armonizan y enaltecen las melodías.
  
Luis Enrique  lo dice en su composición El gallo jabao:
 "Soy el gallo peligroso con la espuela (los bajos) y con el pico (los pitos)"
"Oigan muchachos, oigan la nota como toca el Vallenato"


Por Ricardo Gutiérrez Gutiérrez

sábado, 21 de septiembre de 2013

ALICIA ADORADA



 Años después de la frustrada presentación de Juancho Polo en el Festival de la Leyenda Vallenata en 1972, en el que no alcanzó a llegar a la final, pude  constatar que este legendario acordeonero y compositor, se inscribió nuevamente  en 1975 ante  la oficina de Turismo del Cesar, entidad que en aquel entonces organizaba el Festival Vallenato, para participar como acordeonero profesional  el 28 de abril de ese año,  en la Plaza Alfonso López, pero como no podía  llegar en esa fecha, sino al día siguiente, les comunicó a los organizadores  por medio de un telegrama: “Imposible viajar, sigo esa" Juancho  Polo.

Esta lacónica comunicación me motivó a indagar lo relacionado con la  personalidad y los aspectos de la vida de este humilde hombre que con su  vivaz  inteligencia compuso canciones en las que no sólo narraba lo que le  acontecía a través de asombrosas melodías sino que nos  transporta al  escucharlas a un mundo  más allá de lo material.

No fue fácil penetrar en ese universo fantástico de este músico por la  poca información que se tiene recopilada y por su personalidad uraña que  hacían  difícil conocer sobre sus asuntos.

Por tal razón tomé la decisión de viajar a Flores de María, hoy día  corregimiento del municipio de San Ángel (Magdalena) donde Juancho fue llevado  por sus padres pocos días después de su nacimiento en 1918 en Concordia  (Magdalena).  Ellos, buscando tierras nuevas para cultivos, se trasladaron  a esa rica región conocida en aquel entonces como La Montaña.

Su nombre de pila era Juan Manuel Polo Cervantes, pero ya mayor le  decían Valencia por ser seguidor insigne del poeta payanés Guillermo León  Valencia.

En Flores, después de indagar, pude constatar que Juancho hijo único,  contrario a lo que siempre se ha dicho, aprendió a leer y escribir allí,   con las maestras Ana Cabas, Josefa Valera y Anaul Moreno.

Es inaudito afirmar que un hombre iletrado sea capaz de componer una canción  como "Mujer de adorado pelo" cuyo verso inicial dice:

Mujer de adorado pelo/Y de sonrisa de Aurora/Dime si el sol te enamora/Para  bajártelo del cielo.


El que era un niño introvertido aprendió a tocar sólo el acordeón, así  poco a poco fue conociendo los vericuetos del  instrumento que años  después sería su único compañero en las buenas y en las malas.

Pronto armó su conjunto e inició presentaciones en las fiestas patronales. Con el acordeón le llegaron sus composiciones que se caracterizan  por  un estilo propio, algunas de contenido relevantes, otras compuestas de acuerdo a su estado anímico y al grado de beodez en que se  encontraba.

En el ocaso de su vida se caracterizó por encrucijadas emocionales   generadas por parrandas interminables y francachelas las que  labraron en él una situación personal difícil afectando  su endeble físico  y mancillando además su reputación por las continuas trifulcas que  constantemente creaba,  propia de su dependencia alcohólica y del ambiente que frecuentaba.

Este recorrido tortuoso de senderos enredados en busca de la calma, se  acentúo con la muerte de su esposa Alicia Cantillo cuyo deceso le produjo un   dolor profundo el cual plasmó en una de las más bella canciones  vallenatas "Alicia adorada", grabada como un lamento por Alejo Durán,  en dónde conjuga impotencia, angustia, sufrimiento y la nostalgia que inmisericordemente lo laceraba.

Después de este duro golpe nunca se levantó, ya no tenía una razón para  vivir, era  imposible soportar esa pena, ella era su sol radiante no una  nube pasajera más, esta pena le desbordó el alma y lo aniquiló.

"Como Dios en la tierra no tiene amigos /Como  no tiene amigos  anda en el aire /Tanto le pido y le pido ay hombe y siempre me manda mis  males /Se murió mi compañera que tristeza /Alicia mi compañera que dolor /Y  solamente a Valencia, ay hombre /el guayabo le dejó"



Por Ricardo  Gutiérrez