domingo, 6 de octubre de 2013

DIEZ AÑOS SIN `COLACHO´ MENDOZA, PRIMER REY DE REYES VALLENATO


Los puristas, los conocedores y hasta los simples gustosos de música de acordeón de nuestro país, siempre tuvieron la certeza de que Nicolás Elías Mendoza fue el más auténtico de los intérpretes del vallenato.
‘Colacho’, como era conocido en todas las comarcas, jamás atropelló las tradiciones del reino de Francisco ‘El Hombre’, no obstante haber sido compañero de encumbradas luminarias, eminentemente comerciales como Poncho Zuleta, Jorge Oñate, Diomedes Díaz y Silvio Brito.
Fue fiel a la más genuina expresión del vallenato y no se dejó arrastrar por la ola comercial del momento. Sin embargo, Jamás gozó de la aceptación unánime que identifica a los ídolos. Y como ejemplo recordemos que las dos veces que salió triunfador en el Festival de la Leyenda Vallenta (1969 y 1987), el público protestó en forma airada, con pedradas a bordo.
Lo curioso del caso es que todos reconocían su calidad y su don de gente. Pero así son las cosas. Así es la vida, ‘Colacho’, le decían sus amigos más cercanos.
Autor de bellas piezas como La junta de La Peña, Alma consentida y Matilde, Nicolás Elías había nacido el 15 de abril de 1936 en Sabanas de Manuela, corregimiento de San Juan del Cesar, sur de La Guajira, en el hogar conformado por Julio Mendoza Mejía y Juana Daza Manjarrés.
Cuando contaba 12 años sus padres se mudaron a La Jagua del Pilar. Fue allí donde aprendió a tocar el acordeón, y donde Rafael Escalona lo conoció y lo convirtió, primero en el difusor de su música, y más tarde en su amigo del alma.
‘Colacho’ murió a los 67 años, el 27 de septiembre de 2003, en la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica del Cesar, tras soportar tres infartos en el corazón.
Al acetato
‘Colacho’ creció escuchando las canciones de Fruto Peñaranda, un anónimo juglar fonsequero que andaba de pueblo en pueblo cantando a cambio de ron. El acordeón lo aprendió a tocar de manera empírica, atraído por las notas de Luis Enrique Martínez.
Por insinuación de Rafael Escalona, en la primera mitad de los 60, las guitarras de Bovea y sus vallenatos se fusionaron con el acordeón de Nicolás Elías para lanzar al mercado dos long plays prensados por el desaparecido sello Tropical. Ambos discos contenían, en su totalidad, canciones de Escalona.
Fueron 21 temas en los que se escucharon el fuelle de ‘Colacho’ junto a las cuerdas de Julio Bovea y Ángel Fontanilla, y la voz de Alberto Fernández. Más tarde, ‘Colacho’ grabaría con su conjunto, integrado por el cajero Cirino Castilla y el guacharaquero Adán Montero.

Sus duplas de oro
Fueron muchos los trabajos discográficos que ‘Colacho’ elaboró con cantantes de gran reconocimiento. Con Poncho Zuleta publicó el elepé Una voz y un acordeón.
Una vez finalizada su fugaz sociedad con Poncho, ‘Colacho’ se unió, a finales de 1975, con Joege Oñate, que venía de escribir un memorable capítulo en la historia del vallenato, con Los Hermanos López.
‘Colacho’ y Oñate produjeron para la CBS seis discos de larga duración que incluyeron 72 canciones. Se separaron en 1977.
Al año siguiente, también en la CBS, se unió a Diomedes Díaz y construyó una extraordinaria discografía, con canciones inolvidables incluidas en ocho discos de larga duración.
Al concluir su ciclo con ‘El Cacique de La Junta’, ‘Colacho’ realizó un par de LPS con el cantante de la voz diáfana: Silvio Brito.

Sus últimas producciones
En sus últimos años, ‘Colacho’ publicó un disco con Pedro García y nueve con Ivo Díaz. Aunque esas grabaciones tuvieron poca difusión en las emisoras, los coleccionistas valoraron su ejecutoria. Pero ‘Colacho’ siempre lamentó el hecho de esos trabajos, realizados con rigor, no tuvieron difusión en la radio. “Todo por la bendita payola”, decía. Sus allegados le respondían: “Tranquilo, ‘Colacho’, así es la vida”.

Algunos éxitos con su acordeón 
Con Poncho Zuleta grabó Norfidia y El villanuevero; con Jorge Oñate grabó Ausencia, Igual que aquella noche y Después de viejo. Con Diomedes Díaz, El gavilán mayor, Tu serenata, Fantasía y Mensaje de Navidad, y con Silvio Brito, La diosa coronada.


Sus coronas en el Festival
Valledupar vio coronar a ‘Colacho’ en el Festival de 1969. Las opiniones sobre su triunfo fueron divididas, al igual que en 1987, cuando triunfó en el primer Rey de Reyes. En aquella ocasión su gran adversario fue Alejandro Durán, quien se auto-descalificó al decir: ‘Puebo, me equivoqué: perdí”.
El 27 de septiembre se le hizo una ofrenda floral a ‘Colacho’, con ocasión del aniversario de su muerte.

Por Fausto Pérez Villarreal

sábado, 21 de septiembre de 2013

ALICIA ADORADA



 Años después de la frustrada presentación de Juancho Polo en el Festival de la Leyenda Vallenata en 1972, en el que no alcanzó a llegar a la final, pude  constatar que este legendario acordeonero y compositor, se inscribió nuevamente  en 1975 ante  la oficina de Turismo del Cesar, entidad que en aquel entonces organizaba el Festival Vallenato, para participar como acordeonero profesional  el 28 de abril de ese año,  en la Plaza Alfonso López, pero como no podía  llegar en esa fecha, sino al día siguiente, les comunicó a los organizadores  por medio de un telegrama: “Imposible viajar, sigo esa" Juancho  Polo.

Esta lacónica comunicación me motivó a indagar lo relacionado con la  personalidad y los aspectos de la vida de este humilde hombre que con su  vivaz  inteligencia compuso canciones en las que no sólo narraba lo que le  acontecía a través de asombrosas melodías sino que nos  transporta al  escucharlas a un mundo  más allá de lo material.

No fue fácil penetrar en ese universo fantástico de este músico por la  poca información que se tiene recopilada y por su personalidad uraña que  hacían  difícil conocer sobre sus asuntos.

Por tal razón tomé la decisión de viajar a Flores de María, hoy día  corregimiento del municipio de San Ángel (Magdalena) donde Juancho fue llevado  por sus padres pocos días después de su nacimiento en 1918 en Concordia  (Magdalena).  Ellos, buscando tierras nuevas para cultivos, se trasladaron  a esa rica región conocida en aquel entonces como La Montaña.

Su nombre de pila era Juan Manuel Polo Cervantes, pero ya mayor le  decían Valencia por ser seguidor insigne del poeta payanés Guillermo León  Valencia.

En Flores, después de indagar, pude constatar que Juancho hijo único,  contrario a lo que siempre se ha dicho, aprendió a leer y escribir allí,   con las maestras Ana Cabas, Josefa Valera y Anaul Moreno.

Es inaudito afirmar que un hombre iletrado sea capaz de componer una canción  como "Mujer de adorado pelo" cuyo verso inicial dice:

Mujer de adorado pelo/Y de sonrisa de Aurora/Dime si el sol te enamora/Para  bajártelo del cielo.


El que era un niño introvertido aprendió a tocar sólo el acordeón, así  poco a poco fue conociendo los vericuetos del  instrumento que años  después sería su único compañero en las buenas y en las malas.

Pronto armó su conjunto e inició presentaciones en las fiestas patronales. Con el acordeón le llegaron sus composiciones que se caracterizan  por  un estilo propio, algunas de contenido relevantes, otras compuestas de acuerdo a su estado anímico y al grado de beodez en que se  encontraba.

En el ocaso de su vida se caracterizó por encrucijadas emocionales   generadas por parrandas interminables y francachelas las que  labraron en él una situación personal difícil afectando  su endeble físico  y mancillando además su reputación por las continuas trifulcas que  constantemente creaba,  propia de su dependencia alcohólica y del ambiente que frecuentaba.

Este recorrido tortuoso de senderos enredados en busca de la calma, se  acentúo con la muerte de su esposa Alicia Cantillo cuyo deceso le produjo un   dolor profundo el cual plasmó en una de las más bella canciones  vallenatas "Alicia adorada", grabada como un lamento por Alejo Durán,  en dónde conjuga impotencia, angustia, sufrimiento y la nostalgia que inmisericordemente lo laceraba.

Después de este duro golpe nunca se levantó, ya no tenía una razón para  vivir, era  imposible soportar esa pena, ella era su sol radiante no una  nube pasajera más, esta pena le desbordó el alma y lo aniquiló.

"Como Dios en la tierra no tiene amigos /Como  no tiene amigos  anda en el aire /Tanto le pido y le pido ay hombe y siempre me manda mis  males /Se murió mi compañera que tristeza /Alicia mi compañera que dolor /Y  solamente a Valencia, ay hombre /el guayabo le dejó"



Por Ricardo  Gutiérrez

viernes, 20 de septiembre de 2013

EL HOMBRE QUE HIZO LLOVER PLATA


Fernando Navarro Navarro es recordado por lanzar, desde una avioneta, dinero en una corraleja.

Fernando Navarro Navarro desconocía la historia que dio origen al libro  El hombre que hizo llover coca, pero, cuando le contamos, dejó escapar una leve sonrisa y, apretando los dientes, aseguró: "Aunque no fue coca, yo lo hice primero". 
Sentado en una mecedora, en la sala de su casa del barrio Manizales, de San Pedro (Sucre), este hombre, nacido hace 71 años, es el más recordado por estos días en la vecina población de Sincé, su tierra natal.
El mayor de tres hermanos, hijo de Miguel -soldador de Ecopetrol en Barrancabermeja- y Ena, cierra los ojos y traslada su mente a 1974, una década después de haberse iniciado en San Pedro como algodonero, en medio de la bonanza que después llenó de trabajo y prosperidad a ese municipio sucreño. 
 "Me iba bien. Llegué a tener 350 hectáreas sembradas y a contratar hasta 1.000 personas para recoger la mota. En mi campamento, en la algodonera Niza, había de todo, y logré sacar 765 toneladas en un año.
No eran mis tierras, eran arrendadas, pero el negocio marchaba firme. Entonces, quise cumplir mi manda (promesa) a la Virgen del Socorro, patrona de Sincé, de regalar una tarde de toros si me iba bien". 
El domingo 22 de septiembre de 1974 le fue entregada la tarde de toros, la quinta de seis, a 'Don Fernando', apodado el 'Triple' porque había sido presidente del Comité Algodonero local, del club de Leones y del Directorio Liberal municipal.
"Quince días antes me fui a Cereté (Córdoba) y compré 40 toros criollos y de media casta por 400 mil pesos, 30 cajas de whisky, 50 cajas de ron Tres Esquinas, cigarrillos y mandé a estampar 300 camisetas blancas con letras verdes y el nombre de mi finca: Hacienda Las Palmas".
Recuerdos de una promesa
Observa una foto suya de 1972, montado en su 'John Fu', nieto de 'Don Danilo', el caballo más famoso que ha existido en Colombia que, asegura, era de los Ochoa de Medellín. Una semana después, mientras tomaba un tinto de madrugada, se le ocurrió ponerle nombre a la tarde que proyectaba: 'La corrida del recuerdo', porque sería algo fuera de lo común. 
Se subió a su camioneta International y fue a un banco de Sincelejo a cambiar 10 mil pesos en efectivo por billetes de un peso. En cinco bolsas de manila se llevó el dinero, todo nuevo, de regreso a San Pedro.
Antes, en la capital sucreña, se detuvo en una imprenta y mandó a elaborar unas tarjetas de invitación para la recepción previa a la corrida, en la finca de Eugenio Felipe Merlano, amigo suyo, miembro del Partido Conservador y presidente de la junta organizadora de las fiestas.
Y esperó a que le entregaran un sello que aún conserva: 'Fernando Navarro Navarro, Sincé, septiembre 22-74'.  Durante varios días, en su habitación, acompañado de su esposa, Nelsy Álvarez y de un círculo de amigos cercanos, sellaron los billetes sobre la imagen de Simón Bolívar. 
"El día antes de la corrida, el sábado, bien temprano -dice-, me fui hasta la pista y hablé con dos capitanes amigos, Jaime Garzón y Carlos Anaya, que pilotaban avionetas de fumigación. Les conté mi plan y me hicieron el favor sin cobrarme un peso.
Esos 10 mil pesos ahora serían unos 20 millones". 
Navarro no se arrepiente
Ese 22 de septiembre, el algodonero se levantó una hora antes de lo habitual, a las cuatro de la mañana, en Sincé, donde permanecía desde el comienzo de las fiestas.
Quería supervisar los preparativos. Una hora más tarde, un bus contratado, con la Banda 8 de Septiembre tocando a pleno pulmón en su interior, despertó al pueblo y prolongó la parranda para aquellos que no habían ido a dormir.
El ron corría. El locutor Juan Severiche, contratado por mil pesos para que relatara por Transmisora Sucre  de RCN 'la corrida del recuerdo', narró esa madrugada.
No lo pudo hacer en la recepción para 200 personas de esa mañana, pero desde primera hora de la tarde estaba al aire en la corraleja, armada en la plaza principal. 
 "Me ubiqué en un palco -recuerda Navarro-. En el primer piso, como con 200 personas, entre ellas mi esposa y tres hijos, además de mis amigos cercanos e invitados especiales, como Arturo Cumplido, famoso ganadero de la época. La corraleja estaba llena, con unas 8.000 personas en los tres pisos.
Yo me tomaba mis tragos de whisky, pero de manera moderada, porque quería ver divertirse a la gente". 
En la arena se lucían célebres toreros de la región: el 'Loco' Ramos, el 'Cuarto bate' y el 'Negro' Rocha. Los manteros hacían de las suyas y los jóvenes se lanzaban al ruedo para impresionar a las muchachas. La música sabanera se escuchaba en todos los rincones del pueblo, en especial el porro Fernando Navarro, de autoría del maestro Demetrio Guarín.
Como a las 3 de la tarde, de manera sorpresiva, dos avionetas volaron a ras de la corraleja y lanzaron los billetes: la plaza quedó alfombrada, los aficionados se lanzaron a recogerlos y un toro casi mata a un joven de Betulia, de apellido Cantero.
No habían terminado de recoger los billetes, cuando, nuevamente, aparecieron las avionetas y arrojaron una nueva tanda. La lluvia, que el músico 'Chico' Cervantes consideró arriesgada en la transmisión radial, se repitió varias veces.
Navarro no se arrepiente, aunque asegura que no lo haría otra vez. Muestra un recibo de gas que le llegó por casi 40 mil pesos, mientras va al patio de la casa, donde viven 20 pájaros, 17 morrocoyos, 2 guacharacas, 2 cotorras y 2 patos.
"Soy feliz en compañía de mis 12 hijos y 22 nietos", sostiene el hombre que, en 1980, se retiró del algodón, sin dinero por las malas cosechas y la eliminación del estímulo a la exportación en el Gobierno de Alfonso López.
"No es, como dice mucha gente, que yo me quedé sin plata por esa locura. No, fue por la mala política del Gobierno contra los algodoneros -y otra vez cierra los ojos y se transporta a ese 22 de septiembre de 1974-. Así quería yo que mi tarde de toros se recordara, y la recuerdan, aunque no finalizó, porque mis opositores conservadores (los laureanistas), que mandaban en el pueblo, la suspendieron. Regresé con mi familia de inmediato a San Pedro, por la trocha de 22 kilómetros, a dormir. Todavía, en San Pedro y en Sincé, cuando camino, veo que muchas veces me señalan como 'el hombre que hizo llover plata'".

Estéwil Quesada Fernández
Enviado Especial de EL TIEMPO 
San Pedro (Sucre).

viernes, 23 de agosto de 2013

EL CORREDOR MUSICAL MAS GRANDE DEL VALLENATO

De las dos codilleras que conforman el Valle del Cacique Upar, la que más aporte le ha hecho a la música es la Serranía de Perijá no solo la nevada es del valle, (debería decirse Sierra Nevada del Cesar).
Un valle es una porción de tierra plana rodeada de montañas y  bañada por uno o varios ríos que es nuestro caso, algunos se preguntan ¿porqué ‘San Juan del Cesar’, si es Guajira? 

El río Cesar nace en la cabecera de Guayacanal, La Guajira, Sierra Nevada (debería decirse Sierra Nevada de La Guajira) y así la gente se despistaría menos. El departamento del Cesar toma el nombre de este río que nace en La Guajira y recorre todo el valle, San Juan del Cesar es porque  queda a la orilla del  río Cesar. 
Las dos cordilleras se abrazan en Hato nuevo, formando así la hoya del Cesar. Hay resguardos wayuú que son vallenatos a la altura de Distracción y Fonseca. Todos los pueblos bañados por el río Cesar y dentro del plano que custodian las dos montañas, son vallenatos, hablo  desde Hato Nuevo a Mariangola y del Plan a Patillal.
La Nevada, por la presencia indígena permitió menos colonos que el Perijá ésta con pocos indígenas fue colonizado y por eso allí se dio el mayor número de artistas convirtiéndose así en el corredor más grande de la música vallenata, por eso no es yuca, es pura malanga y dominico. 
Desde Becerril hasta Hato nuevo están todas las dinastías musicales y nueve reyes vallenatos más los genios de la música tales como : “chico” Bolaño, Luis Enrique Martínez, Juan Muñoz el as de la puya, el merenguero Juan Manuel Muegues, Emiliano Zuleta Baquero, Toño Salas, el poeta ciego de la canción: Leandro Díaz, el cantor de Fonseca, Carlos Huertas y una lista grande de compositores nueva generación, el maestro de maestros Andrés el Turco Gil, El rey de la colitas, Antonio Amaya, el primer técnico de acordeón que tuvimos, Buenaventura Rodríguez. La lista es tan larga que no alcanzaríamos a enumerarlos.
En Hato nuevo con el abrazo de las dos cordilleras se hace una curva formando una herradura y por todo el borde de la Sierra Nevada están el genio Francisco “El hombre” Juancho Rois, los tres ‘Rey de reyes’ Vallenatos: Colacho, El Cocha y Hugo. 
Está el Cacique de la Junta Diomedes Díaz, las monedas de oro de Patillal en la composición, más los cuatro genios, Don Toba, Escalona, Calixto, Tavo y la dinastía Granados a bordo. 
La base de esta herradura la conforman La Loma, El Paso, Chiriguaná, El Difícil, Pivijay, y Chimichagua. Nido de juglares, con siete reyes vallenatos.

Por: Rosendo Romero O.

sábado, 3 de agosto de 2013

PONCHO ZULETA Y EL MILAGRO DEL OLD PARR

Por: Julio Oñate Martínez 
Cuando los irlandeses comenzaron en el siglo XII, a conocer las propiedades del Whisky llamándolo “agua de vida”, no imaginaron que la fuerza vital del precioso liquido le daría también bondades que algunos hemos llegado a considerar milagrosas.
Son conocidos mundialmente los beneficios que en el sistema cardiovascular produce el paladear diariamente un trago de buen vvhisky, pero muchos bebedores empedernidos al volarse la escuadra terminan casi siempre mostrando la cara adversa del saludable habito referido. Hace algunos años fue testigo de uno de los milagros de Old Parr.
Se moría el mes de enero de 75, anunciando la fiesta del algodón el 2 de febrero, en Cereté, Córdoba, la tierra del oro blanco. Los cereteanos apostatando del porro y el fandango reemplazaban los viejos discos de La banda bajera de San Pelayo por los flamantes Lps de los hermanos Zuleta que al grabar el paseo La polaca, del compositor lugareño Silvio Durango se robaron el corazón del pueblo que deliraba por verlos debutar en el patio sinuano.
El día señalado al filo del mediodía llegó el Copetran con la legión Zuletera a la residencia campestre, que don Oto Jiménez tenían en cercanías del pueblo. El espectáculo casetero arrancaba a las 8:00 p.m. y la puntualidad aún no desaparecía en los itinerarios de nuestras estrellas del canto vallenato.
La recepción parrandera que ofrecía el anfitrión se traumatizaba al enterarse los presentes que “El Poncho” no podría cantar esa noche, ya que éste llego con una severa afección bronquial y la amígdalas jugando de bola a bola por la inflamación, casi sin poder articular palabra y de ñapa medio delirando por la fiebre.
Consciente del compromiso que tenía por delante y dejándose llevar por instinto de su hiperactividad etílica, Tomas Alfonso pidió un trago doble de aguardiente con limón y sal que le zarandeó hasta el tuétano. Eran las 5:00 pm y después de haber despachado un par de piponas de antioqueño, Zuleta no experimentaba ninguna mejoría, pero si aumentaba el desconsuelo en el pueblo, donde la noticia hacia tambalear hasta la coronación de la soberana algodonera.
Oswaldo Esquivia “Baquique”, siempre recursivo y oportuno, mandó llamar a un medico recién llegado de la ibérica Universidad de Madrid, ilustre hijo de Cereté y conocido popularmente como “El Pollo Cevallos” quien fue recibido con un estruendoso aplauso digno del héroe salvador de la fiesta.
Después de auscultar cuidadosamente al paciente con un fonendoscopio español, sacó de su reluciente maletín de cuero también español un sobre de penetro, éste si colombiano y una botella de Old Parr, un whisky algo exótico en la época y con la seriedad propia del ecuánime galeno le sentencio al cantante: “El penetro refresca y el Old Parr es vasodilatador”.
Cuatro petacazos del escocés incluido el penetro bastaron para que la crisis bronquiobucofaringepulmonar de Poncho fuera arrumada y traducida en versos improvisados al eminente y capacitado discípulo de Hipócrates.
Tras una hora de intenso tratamiento, ya Zuleta cantaba deslumbrado a los contertulios al poder alcanzar sus registros altos de kikiriki gigante, difícil tarea para cualquier vocalista, pero que él realiza sin mayor esfuerzo con su garganta de acero, lo de pulmón le vino después. Era un verdadero milagro, gracias a esa perfecta combinación de ciencia medica e ingeniería etílica potenciada en la salvaje anatomía del hijo de Carmen Díaz, que pese al trajín y a los años sigue siendo una de las más cimeras figuras del canto vallenato.
La maravillosa formula del Doctor Cevallos tendrá necesariamente el reconocimiento de la parentela de don Tomas Parr, que allá en la lejana Escocia ignora por completo que en Cereté (Colombia) Jorge Negrete Abdala, nieto de María Abdala, la misma de la novela de Juan Gossain, es presidente honorario de la SADO, Sociedad de amigos del Old Parr, milagroso licor cuyo consumo es hoy tan habitual entre ellos como el del ñame y el suero.
Por su parte, Zuleta sigue fiel a los postulados del pollo y me consta que con ánimo buena fe siempre recomienda la milagrosa fórmula, para tratar desde la picada de culebra hasta migrañas, hernias y fracturas en el pie y asegura que ésta nunca le ha fallado a la hora de conseguir un sobregiro, tirar un varillazo o que le condonen una deuda bien añeja. El día que tengamos Grammy latino para los bebedores no creo que haya alguien capaz de bajarle a Poncho Zuleta el preciado gramófono.



lunes, 15 de julio de 2013

HISTORIA DE LOS EXITOS DEL VALLENATO

Rosendo Romero ese día viernes acababa de plasmar en un casete en blanco y pirata su última inspiración que le había llegado desde más allá de las estrellas. Sin pensarlo dos veces tomó el casete y le pidió a un amigo que ya que iba de Villanueva para Valledupar, le hiciera el favor de llegar a La Paz y le dejara esa grabación de paso al cantor Jorge Oñate, y le dijera que se lo enviaba Rosendo, el hermano de Israel, el del Binomio.

Pero el amigo de Rosendo antes de emprender su viaje se le dio por chismosear qué había grabado Rosendo allí sin pedirle permiso a nadie, y luego de escuchar la poesía vuelta canción optó por olvidar el pedido del Poeta de Villanueva y pasó de largo por La Paz derechito a donde vivía quien se estaba abriendo camino en este mundo turbulento del vallenato, el cantor Diomedes Díaz en Valledupar y se lo entregó. ¿El nombre de la canción? ¡Fantasía!


A Jorge Oñate le han sucedido cosas curiosas. A parte de lo de “Fantasía”, Iván Ovalle, el laureado compositor y regular abogado le entregó una canción que a Oñate al escucharla no le produjo ni frío ni calor, y Ovalle celebraba por anticipado su segura inclusión en “El Folclor se viste de Gala”, producción de Oñate de comienzos de un año incierto.

Salió el disco y no vino nada. Qué vaina! Ovalle desilusionado encontró a un grupo en Barranquilla que quería regalar algo bueno en su primera grabación y le entregó sin grandes expectativas la canción rechazada por Oñate a los Muchachos: “Volver a la ternura”.


Pero no todo ha sido de esas características para “El Ruiseñor del Cesar”. Fue quien primero creyó en el talento del arquitecto Luis Aniceto Egurrola Hinojosa, cuando por medio de su hermana, la Reina María Teresa, escuchó “Una aventura más”, canción que grabó sin tantas vueltas para no repetir la experiencia amarga de “Volver a la ternura” y le resultó.


Además fue Oñate quien animó al maestro Armando Zabaleta para que le compusiera una canción sentida a Freddy Molina, compositor y amigo de ambos y quien acababa de fallecer. Con la inspiración sublime del maestro Zabaleta Guevara y el canto sentimental de Oñate González pasó a la posteridad “No voy a Patillal”. El afamado compositor, excelente ser humano, e insuperable amigo de sus amigos, Gustavo Gutiérrez Cabello, hizo algo que nunca había hecho: Pedir el favor de que le grabaran una canción. Pero lo hizo.

Le pidió el favor a su amigo del alma, el cantante Rafael Orozco, que incluyera en su disco “Internacional” una canción que le había salido de sus entrañas. Rafa la escuchó y le respondió al compositor que le había gustado pero que le cambiara la letra. Gutiérrez se negó. Se la cantó a Oñate y ni fú ni fá. ‘Beto’ Villa, acordeonero excelso y un caballero en toda la extensión de la palabra, acababa de formalizar su unión con el cantante Poncho Zuleta y quería hacer una grabación que quedara enmarcada con ribetes dorados en la historia vallenata. Escuchó el tema y le impactó. Luego se lo mostró a Poncho y “El Pulmón de Oro” se emocionó tanto que grabó “Mi niño se creció” con una entrega, sentimiento y profesionalismo digna de admiración que se siente cuando se le escucha.



A Marciano Martínez le pasó algo similar. Se encontró con “El Cantor Triunfante” y le cantó algo que acababa de salirle del horno. ‘Beto’ Zabaleta le dijo que no, que eso era muy llorón y se negó a grabarla. Marciano que no pierde la compostura ante ninguna adversidad, guardó su prenda preciada esperando una oportunidad, y se le presentó vestida de Diomedes Díaz cuando éste le reclamó en broma que si era que no pensaba darle nada para “Título de Amor”. Ahí se acordó Marciano de la canción rechazada por Zabaleta y Diomedes encantado la grabó: “Amarte más no pude”.


En cambio, antes de morir, ‘Juancho’ Rois le entregó un tema a Los Betos quienes lo estaban ‘pisteando’ en la sala de grabación cuando se produjo el deceso de Rois. Diomedes se enteró y amenazó a Sony de que si Los Betos incluían ese tema en su producción se acababa el mundo. Como era la época en que “El Cacique” era el ‘Niño Consentido’ de Sony, Los Betos sacaron el tema de su disco y “No Comprendo” fue grabada por Diomedes.


Adaníes Díaz el cantante riohachero que acompañaba a Héctor Zuleta, parrandeaba con Marciano Martínez en Maicao y ambos cantaban ‘Juana’ canción de Marciano grabada por Adaníes y Héctor. Como se aproximaba el turno de grabar nuevamente de este grupo, Marciano le cantó una composición inédita. Adaníes se emocionó y dijo: “Esa va, compadrito”. Pero al compositor no le gustó cómo Adaníes interpretaba su obra.

Tiempo después Diomedes le dijo que por qué carajos no le había dado nada, que él comenzaba a grabar. Diomedes lo invitó a Valledupar y Marciano cantó. Diomedes hizo lo mismo y le explicó que lo que acababa de cantar era un agradecimiento por tanto honor inmerecido de los amantes del vallenato para con él.

Diomedes grabó los temas cantados a capella ese día por los dos: Para mi fanaticada y La Juntera. Al año siguiente Diomedes se quedó esperando una canción que su amigo del alma, Marciano, le prometió que sería el éxito de “Con Mucho Estilo”.

Esa canción nunca llegó a las manos de Diomedes por culpa de un hermano de Marciano. El compositor que es una persona seria y correcta, sí le había enviado a Diomedes el casete prometido con su hermano, pero éste había escuchado el tema y se dijo que no era digno de ser grabado por El Cacique de la Junta, que la canción “era mala” y optó sin el permiso de Marciano por entregárselo al primer grupo que encontrara en el camino. Fue así como se encontró con Chiche Martínez y Miguel Herrera y les entregó el casete que era para Diomedes y contenía una bomba musical: ”Venceremos”.


Camilo Namén siempre quiso que su compadre Poncho Zuleta le grabara un merengue que le estaba dando vueltas en la cabeza. Siempre que se encontraban Poncho le prometía a Namén que le enviaría a Iván Zuleta a su casa para que lo grabara, e Iván nunca fue enviado por Poncho a donde Camilo.

En una buena parranda Camilo le cantó su merengue sabroso a Iván Villazón quien lo grabó inmediatamente e hizo de “El Pechiche” un éxito insuperable.



domingo, 14 de julio de 2013

LA VERDAD SOBRE LA BRASILERA

La Brasilera, es un merengue vallenato muy conocido, del recien fallecido compositor, Rafael Escalona. Pero esta cancion, tiene la misma melodia de un merengue de Leandro Diaz llamado Corina. 

Buscando algo de informacion sobre el caso de la Brasilera y Corina, encontre lo siguiente:

Con toda seguridad, ninguna canción ha tocado las vidas de tantas mujeres como esta Brasilera que nos dejó Rafael Escalona. Con el maestro ya sepultado y homenajeado, no está de más tratar de aproximarnos a una verdad que en alguna parte se quedó embolatada.


La primera "brasilera" necesariamente tiene que ser Corina, un merengue del ciego prodigio Leandro Díaz. Compuesta mucho antes de que Escalona lanzara La brasilera, la canción contiene, con milimétrica precisión, la melodía original, aunque su letra original es otra: Yo contaba una morenita / y quise brindarle mi vida / un día fui a hacerle una visita / pero la encontré retraída...

Claro que la encontró retraída. En realidad, Corina Ramos jamás le aceptó galanteos a Leandro. Hoy, con 75 años, me dijo risueña: "Es que Leandro era más enamorao que un perro lanudo".

Tres años después, Leandro regresó con la misma lana y pretendió a la hermana mayor de Corina, Clementina, quien se convirtió para siempre en alma y ojos del ciego.
Ya van dos mujeres y todavía no aparece Escalona en la película. ¿Cómo terminó Escalona con la melodía? La versión más reciente al respecto la cuenta el artista Efraín Quintero. Es aquí donde surge en esta historia algo parecido a una brasilera de verdad.

En una parranda con varios generales de la época, en la hacienda Las Flores, de propiedad de la familia Murgas, estaba como invitada especial una bella brasilera llamada Pia Dos Santos. Leandro cantó allí su Corina y, aprovechando la melodía, los dos se trenzaron en un duelo de versos, en la mayoría de los cuales Escalona cortejaba a la brasilera. De ahí habría surgido: "Yo la conocí una mañana que llegó en avión a mi tierra...". Ese fue todo el contacto de Escalona con la chica que Quintero describe como "de cabello ensortijado y ojos verdes".

Unos días después, Escalona acude a El Bosque, un bar de muchachas en Valledupar. Allí estaba una Zoila, cuyo nombre artístico era 'La brasilera'. Escalona retrajo los versos de Las flores para cantarle a la meretriz. Y ahí van cuatro "brasileras".

Ricardo Gutiérrez, investigador y coleccionista, nos cuenta otra historia. Dice que a Valledupar llegaron tres santandereanas a trabajar en los bares. Una de ella se llamaba Isabella. Gutiérrez dio con ella hace poco y escuchó la historia de sus propios labios. Según ella, Escalona la abordó en el aeropuerto y ella, por meterle picardía, le dijo que era brasilera.

Escalona contó la historia de muchas maneras posibles, diría yo que según al candor del interlocutor. Me temo que al autor de esta columna le contó la versión más cándida de todas Julio Oñate, el connotado investigador, me cuenta que en efecto el empresario Luis Murgas trajo a Valledupar al Embajador de Brasil y que éste vino con una despampanante sobrina, con la cual Escalona se dio un baño mítico en el río Marquesote y a la que terminó dedicándole Corina, con "melodía prestada". Sostiene Oñate que unos días después conoció a Sofía (la sexta brasilera) y le acomodó a ella la canción de la Dos Santos. El mismo Oñate me cuenta que en el año 1969 conoció en Valledupar a una hermosa brasilera y que ella le aseguró que era la protagonista del tema. Julio ignora si es cierto o no, pero eso no deja de convertirla en la séptima "brasilera".

Hasta que se me dio por llamar a la familia de Murgas, que tiene por qué saber. Ellos me contaron el viernes la verdadera historia. La tal brasilera no era brasilera, sino en efecto santandereana y a todas luces mujer de bar. Escalona andaba tan enamorado de ella que terminó llevándola a la hacienda Murgas, so riesgo de que las esposas "oficiales" de sus amigos se enfurecieran. Optaron entonces por la salida más fácil: les dijeron a las esposas que la joven estrafalaria allí presente era "una brasilera". Para hacer creíble el embeleco, Escalona tomó la canción de Leandro y le puso letra. ¡Las vueltas que da la verdad!

La Contestacion a la Brasilera
Armando Zabaleta, quien juro no volver a Patillal, fue un compositor que nunca se quedaba callado cuando de composiciones se trataba. Leandro dice de el : "...a un compadre del Molino y Villanueva, ese compadre es Armando Zabaleta el hombre que componiendo se respeta demuestra sus cualidades cuando canta, cuando salen las canciones vallenatas y tienen algun detalle se impacienta...".

Armando Zabaleta, sin lugar a dudas tuvo cierta rencilla contra Rafael Escalona. "El Festival" es una cancion que ataca directamente a Escalona :

"el festival vallenato se esta cayendo y con el tiempo lo dejaran de hacer, por que ahi para que gane un musico bueno tiene que estar de acuerdo con Rafael, este año (Luis) Enrique (Martinez) no gana el premio por que Escalona no gusta de el... Zabaleta no va mas al Festival mientras este organizado por Consuelo, por que ella y Escalona quieren acabar con el prestigio de los musicos buenos..."

La contestacion a la Brasilera, es llamada "Rafa no te enamores". Un pedazo de esta cancion, la interpreto Carlos Vives al final del disco de "Clasicos de la Provincia".


Del: ABC del Vallenato

sábado, 29 de junio de 2013

EL DIA QUE ALEJO SE EMBORRACHO


Mucho se ha especulado sobre la vida del ‘negro’ Alejo Durán, especialmente en lo que respecta a su total abstención por el alcohol,  ya,  que algunos afirman que en su juventud si bebía, pero que alguna ocasión bajo el efecto de los radicales etílicos, en una parranda le pegó un pescozón a un necio que lo acosaba y al ver que el tipo tardaba largo rato en recobrar el conocimiento, se llevó un tremendo susto, pensando que lo había dejado listo jurándole entonces a Dios Todopoderoso que no volvería jamas a ingerir un trago, ni gorreao, pero esto son solo especulaciones sin ningún fundamento.

Sobre el particular tengo un testimonio muy revelador y es el de Joselina Salas Buelvas, natural del Yucal (Bolívar), la mujer con quién el negro Alejandro se casó el 7 de marzo de 1951 en Barranquilla, quien me confirmó que ni siquiera el día del festejo matrimonial lo vio empinando el codo, solo tomaba gaseosa y siempre la pedía tapada procediendo a descorcharla con su propio destapador, ya que vivía con el temor de que en una bebida pudieran echarle alguna sustancia maligna, pues ‘El negro’ era supersticioso en extremo.
Sin embargo, un episodio relatado por su guacharaquero de siempre José Tapia Fontalvo, nos muestra quizás la única ocasión en que su férrea voluntad fue quebrantada.  Estaba en Cereté para una fiesta del algodón un 2 de febrero y  a Durán lo atormentaba la urgencia de enviar unos recursos monetarios para su casa en Planeta Rica, pero no aparecía ningún parrandero solicitando un toque.  Como mandado de Dios, se presento  don Roque Guzmán, uno de los grandes bebedores de esa región, inmortalizado por “El cabo Erran” en uno de los clásicos del porro y que lleva su nombre: “Roque Guzmán”.    El personaje con su temple habitual y sabiendo que Durán era un abstemio reconocido le ofreció mil pesos si se tomaba una cerveza.  Bordeaba el año de 1970, cuando la plata todavía tenía valor y la suma ofrecida era un montón de dinero.  Sin dudarlo un instante, Alejo aceptó la oferta y despacho de un solo jalonazo una cerveza costeña.  Don Roque pago la apuesta e inmediatamente le ofreció mil más si se dejaba correr la otra, a lo que ‘El negro’ le respondió: “Pero esa te vale dos mil”.  Guzmán sacó la plata que en esa época no le faltaba, pero ‘El negro’ escurrió el bulto diciendo que con los mil que ya tengo en el bolsillo yo resuelvo mi problema, y en esta forma frustró las intenciones del simpático personaje que lo único que quería era emborracharlo.
Este episodio revela la grandeza del alma del ‘negro’ Alejo, a parte del consabido espíritu de abstinencia, puesto que claudicó pero por el bondadoso fin, de enviar el dinero a su familia y una vez solucionado eso, no se dejo tentar por plata ya que su voluntad fue más fuerte que el atractivo del billete.
Claro que Tapia me comentó además, que Alejo sintió el efecto de la cerveza, ya que iba muy eufórico, con el ojo brillante, el sombrero a medio la’o y apostando que el era capaz de meterse a la corraleja y sacarle cuatro mantazos al toro, pero con el acordeón y ese día, parrandeando con su amigos cereteanos al animar el toque de sus canciones, no se escuchaba el habitual “OA y APA”, sino un grito constante diciendo ¡SABROSO! ¡SABROSO!
Por: Julio Oñate M.
Tomado de la obra: Los secretos del vallenato. 

MATILDE LINA


Por: Celso Guerra Gutierréz

  La canción más popular  del maestro Leandro Díaz Duarte, se conoció en la versión de Alfredo Gutiérrez, cuando este la grabó en 1971.
  Rodrigo Oñate, amigo y compadre de  Alfredo, se la escuchó a Leandro  cuando el  bardo, la interpretó en una parranda, acompañado por las guitarras sandieganas de, Juan Calderón, Antonio Ibrahim y Hugo Araújo; Oñate, quedó prendado por la belleza literaria de semejante canto, e inmediatamente, se la recomendó  al intérprete.
Leandro Díaz,  hizo este canto a orillas de las cristalinas aguas del  río Tocaimo, ubicado en la población del mismo nombre, corregimiento de San Diego de Las Flores, quien junto al caserío de El Rincón, le dieron cariño y calor humano para que este gran juglar, compusiera en este entorno sus mejores canciones  y desplegara todo su talento y lo irrigara por todo el planeta.
  Matilde Lina Soto Negrete, verdadero nombre de la  musa inspiradora de esta legendaria canción, es una agraciada dama oriunda del caserío del Plan, corregimiento de La Jagua en La Guajira, anclado en plena Serranía del Perijá, a la cual, Leandro conoció  en una fiesta en Manaure, a donde Díaz, fue invitado por su acordeonero y compañero “Toño” Salas.
Matilde era cuñada de Toño Salas, además pariente de la “Vieja” Sara, Madre de Emiliano Zuleta Baquero.
En la fiesta de la virgen del Carmen, patrona de Manaure, que ambos disfrutaban de ese año 1970, escuchó Leandro,  la voz dulce de la fémina que no reconoció  y al indagarle a  ella por su nombre, le respondió, que se llamaba Matilde Lina.
El juglar quedó enamorado  de la dama a la que le ofreció una  visita en su tierra, El Plan.
Allí llegó para un 11 de noviembre  a cantarle y la serenateó  con la canción  que años más tarde se convertiría en icono del folclor vallenato.
Matilde Lina, quedó embelesada con semejante oda que Leandro antes de hacerla grabar, la había hecho muy popular en la región acompañado por su compañero de muchos años “Toño” Salas.
Con lo que no contaban los protagonistas de esta historia  es que el romance no se podía dar, ya que ambos  contaban con una abundante prole, ella, con  su esposo y 4 hijos y  además en estado de gestación y Leandro con 10 hijos aproximadamente.
Este canto de Leandro  le ha dado  a la protagonista mucha popularidad en la región, Colombia y el exterior, tanto que ella manifiesta que su casa se volvió una romería de personas de distintas procedencias que llegan a conocerla.
Matilde Lina, ha sido grabada en muchas partes del  mundo, “El Gran Combo” de Puerto Rico; Roberto Torres, de Cuba; Los Melódicos  de Venezuela y la más conocida , la de Carlos Vives, el cual en el sepelio le agradeció  a Leandro  haberle mostrado el camino de Valledupar y desviarlo de Hollywood.

jueves, 20 de junio de 2013

PABLO FLOREZ Y LA AVENTURERA



Recientemente terminó su debut ante la vida el notable compositor sinuano  Pablito Flórez, es esta la historia del paseo la aventurera, una de sus canciones más  más conocidas:
Hacia finales de 1962, al conformarse en Ciénaga de Oro, Córdoba, el Combo Orense, de Antolín Lenes, Pablito Flórez, su timbalero, se rebuscaba con sus amigos músicos en las fiestas pueblerinas del alto y bajo Sinú. Si bien en la Costa Caribe ya se conocían algunos porros y gaitas interpretados por la Sonora Cienaguera (de Ciénaga de Oro), nombre artístico con que la Disquera Fuentes identificaba la tropilla musical del célebre Antolín, las oportunidades de trabajo para la gente del pentagrama eran en extremo escasas en una tierra en la que ser músico es casi una religión.
La historia de la Aventurera
No obstante, el grupo consiguió un contrato en Valencia, otro pueblo de Córdoba, cercano a Tierralta, para amenizar las veladas de fin de semana en el cotizado burdel de Petrona Naranjo, la más prestigiosa promotora vaginal de toda la comarca.
Como la proximidad de la fiesta brava atraía a gente de todos los pelambres, un trío de indomables damiselas entró a realzar con sus ofertas de caricias el cartel de Petrona. Entre ellas sobresalía Ninfa Isabel, una belleza sinuana de piel acanelada, pelo castaño, grácil figura y finos modales, cuya sonrisa casi le endereza la joroba a Pablo Flórez. A este lo acompañaban Filiberto González, Diego Espinosa, Antonio Franco, el “Kike” y algunas veces el maestro Antolín.
La primera noche el sitio estaba repleto, y los músicos departieron y libaron copas con las debutantes. Pablito sólo tenía ojos y frases galantes para Ninfa Isabel, la de la turbadora sonrisa. No hizo antesala el amor, y al despuntar el alba sus corazones y sus cuerpos se trenzaron en un ardoroso encuentro que hizo trepidar y traquear con intensidad y ternura el viejo catre de lona de los amores de alquiler.
Terminada la corraleja, Ninfa Isabel levantó el vuelo hacia otros pueblos en fiesta en los que billetes y deseos rodaban sin control, y cuando las circunstancias se lo permitían regresaba para reunirse con Pablo donde Petrona, y avivar el fogón feliz que ardía en las entrañas del trovador. Si a ella le encantaba su musicante, a él la hembra lo traía de un ala. Así se fue consolidando entre los crujidos complacientes del nada casto catre una relación descomplicada, sin celos ni reproches, al tiempo que Maxi, la esposa de Pablo, enterada del tórrido romance, inició sus interminables retretas de lengua celosa.
Ninfa Isabel
Para los compañeros del conjunto, Ninfa Isabel, quien siempre regresaba con la cartera abultada por su peculiar peregrinaje por las tierras altas y bajas del Sinú, era “la Aventurera”, y, aunque en ocasiones le pegaba su refuercito monetario a las arcas minúsculas de Pablo, las bromas por su estado de cachón contento y enamorado empezaron a proliferar. Por esa época, Pablo debió acudir en Montería al consultorio de su amigo el doctor Mendoza en procura de un tratamiento contra un fuerte y constante dolor de cabeza que lo agobiaba. El diagnóstico del galeno sólo contribuyó a incrementarle su tormento: “Tu problema es que pesan demasiado los cachos que te pega Ninfa”.
Cuando, pasado algún tiempo, el burdel de Petrona perdió un poco de auge y las actuaciones en vivo de los músicos orenses disminuyeron su frecuencia, Ninfa se perdió en la vorágine cabaretera del viejo Bolívar, mientras Pablito, con su guitarra compañera, recorría las fiestas sabaneras, desde Sincelejo hasta El Caramelo, siempre con la esperanza de volver a saborearla. Como no la encontraba, desconsolado le enviaba cartas que nunca obtenían respuesta, mientras su tristeza contrastaba con la alegría de Maxi al sentir nuevamente a su macho dentro del corral. Con el sentimiento de un poeta herido, compuso el paseo La Aventurera, que Antolín y su Combo Orense grabaron para la etiqueta fonográfica Codiscos, vocalizada por el autor:
La Aventurera.
Hace tiempo que ha salido de mi pueblo
Una mujer aventurera y no se sabe dónde está,
La pregunto por todas la carreteras,
Por todos los caminos, pueblos y ciudad.
Esa mujer tiene fama de ser buena
Porque así lo ha demostrado y he presenciado yo,
Una vez que se fue pa’ Cartagena
Pensó que me moría y enseguida regresó.
Si supiera que la quiero
Volvería por estas tierras,
Al pueblo Ciénaga de Oro
Donde tiene quien la quiera.

Un éxito
Esta canción estuvo de moda durante mucho tiempo en toda la Costa, e hizo de sus intérpretes los preferidos del público a la hora de algún bailoteo.
Cuando en 1964 Petrona quiso reactivar el negocio, envió señales de humo a los del Combo y a sus antiguas damiselas y todos llegaron hasta el puerto de Montería. Al embarcarse en el río Sinú rumbo a Tierralta, el corazón de Pablo volvió nuevamente a latir como el bombo de una banda papayera, ya que en la embarcación iba Ninfa Isabel, en la misma dirección.
La última vez que la pude ver de cerca
Fue en el puerto de Montería, y enseguida se embarcó.
Iba rumbo directico pa’ Tierralta,
Muchas veces le escribía y jamás me contestó.
El desquite
El desquite de la cruel ausencia y el olvido fue una lujuriosa luna de miel de dos semanas, al cabo de las cuales Pablo regresó a su casa bastante liviano de peso y sin un peso en el bolsillo. Su mujer, que ya había olfateado el tocino, le armó un tremendo berenjenal y hasta le pidió la separación. Como un rayo salvador, una llamada telefónica le anunció a Pablo que en la Caja Agraria tenía las regalías musicales de La aventurera. Al momento de cobrarlas exigió que los dieciocho mil pesos que debían entregarle se los dieran en billetes de uno y de dos pesos. Con dos bolsas repletas de papel moneda, Pablo entró en su casa y vació su contenido sobre la mesa del comedor. Su esposa, oscilante entre el temor y la desconfianza, se negaba a recibir el dinero convencida de que aquello era producto de algún atroz delito cometido por él, pero al explicarle su marido que era el fruto de los derechos autorales de La aventurera, no sin evidente fervor imploraba al cielo diciendo: “Bendita sea, y ojalá que Dios la vea por donde quiera que ande”.
Voy a ir a la fiesta’ El Caramelo
Donde dicen que es preciso que ella sale a aventurar,
Para de nuevo decirle que la quiero,
Conquistármela de necio y hacerla regresar.
Si supiera que la quiero
Volvería por estas tierras,
Al pueblo Ciénaga de Oro
Donde tiene quien la quiera.
Tiempo después, la inspiración afloró de nuevo y Pablo compuso el merengue La del tatuaje, que expresa con fidelidad su martirio y su desesperanza. Desde entonces un halo de leyenda ha crecido en torno a esta enigmática y resbaladiza mujer:
La paso tomando ron
Por una ingrata que me engañó
Y se llevó mi corazón
Dejando el cuerpo sin el timón.
Si alguien me da noticia,
Con mucho gusto le pagaré,
Su filiación es facilita,
Espere amigo y le contaré.
Ahora le voy a decí
A ver si usted me la ve,
Su nombre le prometí,
Se llama Ninfa Isabel.
Muchos años pasaron, la herida cicatrizó, pero los recuerdos afloran cada vez que Pablo Flórez interpreta La aventurera, obra que fue y sigue siendo su carta de presentación musical no obstante la gran popularidad de su reciente creación Los sabores del porro.
A finales de 1980, por allá por Tierralta, se dio un sorpresivo encuentro entre ellos dos, más traumático que halagador, en el que Pablo casi no reconoce a la desteñida y ajada flor a quien el verano inclemente de los años y los desgastadores amaneceres del prostíbulo le habían quitado la fragancia y el color. Ese mismo día, en parranda de amigos, le compuso una nueva estrofa a la canción, que funciona a la manera de un epílogo triste y desengañado de la tormentosa historia:
Sólo quedan los recuerdos,
Añoranzas del ayer,
Ya tiene blanco su pelo
Trasnochado en el burdel.
En lo que parece ser una constante en las mujeres de vida alegre cuando llegan a su otoño, Ninfa Isabel ha dado un vuelco místico a su vida y se ha dedicado a rezar y a predicar sus creencias religiosas en Barranquilla.
Hace algunos años, el diario El Meridiano de Córdoba le tributó un homenaje al eximio compositor sinuano, al cual invitaron también a Ninfa Isabel, la aventurera en uso de buen retiro, quien fue la encargada de entregarle una placa conmemorativa. Esa última noche, en la tarima del evento, los latidos de sus corazones cansados no fueron más que la sombra sorda del repiqueteo travieso de aquel frenético catre viejo del visitado burdel de Petrona.
Por: Julio Oñate M.