viernes, 23 de agosto de 2013

EL CORREDOR MUSICAL MAS GRANDE DEL VALLENATO

De las dos codilleras que conforman el Valle del Cacique Upar, la que más aporte le ha hecho a la música es la Serranía de Perijá no solo la nevada es del valle, (debería decirse Sierra Nevada del Cesar).
Un valle es una porción de tierra plana rodeada de montañas y  bañada por uno o varios ríos que es nuestro caso, algunos se preguntan ¿porqué ‘San Juan del Cesar’, si es Guajira? 

El río Cesar nace en la cabecera de Guayacanal, La Guajira, Sierra Nevada (debería decirse Sierra Nevada de La Guajira) y así la gente se despistaría menos. El departamento del Cesar toma el nombre de este río que nace en La Guajira y recorre todo el valle, San Juan del Cesar es porque  queda a la orilla del  río Cesar. 
Las dos cordilleras se abrazan en Hato nuevo, formando así la hoya del Cesar. Hay resguardos wayuú que son vallenatos a la altura de Distracción y Fonseca. Todos los pueblos bañados por el río Cesar y dentro del plano que custodian las dos montañas, son vallenatos, hablo  desde Hato Nuevo a Mariangola y del Plan a Patillal.
La Nevada, por la presencia indígena permitió menos colonos que el Perijá ésta con pocos indígenas fue colonizado y por eso allí se dio el mayor número de artistas convirtiéndose así en el corredor más grande de la música vallenata, por eso no es yuca, es pura malanga y dominico. 
Desde Becerril hasta Hato nuevo están todas las dinastías musicales y nueve reyes vallenatos más los genios de la música tales como : “chico” Bolaño, Luis Enrique Martínez, Juan Muñoz el as de la puya, el merenguero Juan Manuel Muegues, Emiliano Zuleta Baquero, Toño Salas, el poeta ciego de la canción: Leandro Díaz, el cantor de Fonseca, Carlos Huertas y una lista grande de compositores nueva generación, el maestro de maestros Andrés el Turco Gil, El rey de la colitas, Antonio Amaya, el primer técnico de acordeón que tuvimos, Buenaventura Rodríguez. La lista es tan larga que no alcanzaríamos a enumerarlos.
En Hato nuevo con el abrazo de las dos cordilleras se hace una curva formando una herradura y por todo el borde de la Sierra Nevada están el genio Francisco “El hombre” Juancho Rois, los tres ‘Rey de reyes’ Vallenatos: Colacho, El Cocha y Hugo. 
Está el Cacique de la Junta Diomedes Díaz, las monedas de oro de Patillal en la composición, más los cuatro genios, Don Toba, Escalona, Calixto, Tavo y la dinastía Granados a bordo. 
La base de esta herradura la conforman La Loma, El Paso, Chiriguaná, El Difícil, Pivijay, y Chimichagua. Nido de juglares, con siete reyes vallenatos.

Por: Rosendo Romero O.

sábado, 3 de agosto de 2013

PONCHO ZULETA Y EL MILAGRO DEL OLD PARR

Por: Julio Oñate Martínez 
Cuando los irlandeses comenzaron en el siglo XII, a conocer las propiedades del Whisky llamándolo “agua de vida”, no imaginaron que la fuerza vital del precioso liquido le daría también bondades que algunos hemos llegado a considerar milagrosas.
Son conocidos mundialmente los beneficios que en el sistema cardiovascular produce el paladear diariamente un trago de buen vvhisky, pero muchos bebedores empedernidos al volarse la escuadra terminan casi siempre mostrando la cara adversa del saludable habito referido. Hace algunos años fue testigo de uno de los milagros de Old Parr.
Se moría el mes de enero de 75, anunciando la fiesta del algodón el 2 de febrero, en Cereté, Córdoba, la tierra del oro blanco. Los cereteanos apostatando del porro y el fandango reemplazaban los viejos discos de La banda bajera de San Pelayo por los flamantes Lps de los hermanos Zuleta que al grabar el paseo La polaca, del compositor lugareño Silvio Durango se robaron el corazón del pueblo que deliraba por verlos debutar en el patio sinuano.
El día señalado al filo del mediodía llegó el Copetran con la legión Zuletera a la residencia campestre, que don Oto Jiménez tenían en cercanías del pueblo. El espectáculo casetero arrancaba a las 8:00 p.m. y la puntualidad aún no desaparecía en los itinerarios de nuestras estrellas del canto vallenato.
La recepción parrandera que ofrecía el anfitrión se traumatizaba al enterarse los presentes que “El Poncho” no podría cantar esa noche, ya que éste llego con una severa afección bronquial y la amígdalas jugando de bola a bola por la inflamación, casi sin poder articular palabra y de ñapa medio delirando por la fiebre.
Consciente del compromiso que tenía por delante y dejándose llevar por instinto de su hiperactividad etílica, Tomas Alfonso pidió un trago doble de aguardiente con limón y sal que le zarandeó hasta el tuétano. Eran las 5:00 pm y después de haber despachado un par de piponas de antioqueño, Zuleta no experimentaba ninguna mejoría, pero si aumentaba el desconsuelo en el pueblo, donde la noticia hacia tambalear hasta la coronación de la soberana algodonera.
Oswaldo Esquivia “Baquique”, siempre recursivo y oportuno, mandó llamar a un medico recién llegado de la ibérica Universidad de Madrid, ilustre hijo de Cereté y conocido popularmente como “El Pollo Cevallos” quien fue recibido con un estruendoso aplauso digno del héroe salvador de la fiesta.
Después de auscultar cuidadosamente al paciente con un fonendoscopio español, sacó de su reluciente maletín de cuero también español un sobre de penetro, éste si colombiano y una botella de Old Parr, un whisky algo exótico en la época y con la seriedad propia del ecuánime galeno le sentencio al cantante: “El penetro refresca y el Old Parr es vasodilatador”.
Cuatro petacazos del escocés incluido el penetro bastaron para que la crisis bronquiobucofaringepulmonar de Poncho fuera arrumada y traducida en versos improvisados al eminente y capacitado discípulo de Hipócrates.
Tras una hora de intenso tratamiento, ya Zuleta cantaba deslumbrado a los contertulios al poder alcanzar sus registros altos de kikiriki gigante, difícil tarea para cualquier vocalista, pero que él realiza sin mayor esfuerzo con su garganta de acero, lo de pulmón le vino después. Era un verdadero milagro, gracias a esa perfecta combinación de ciencia medica e ingeniería etílica potenciada en la salvaje anatomía del hijo de Carmen Díaz, que pese al trajín y a los años sigue siendo una de las más cimeras figuras del canto vallenato.
La maravillosa formula del Doctor Cevallos tendrá necesariamente el reconocimiento de la parentela de don Tomas Parr, que allá en la lejana Escocia ignora por completo que en Cereté (Colombia) Jorge Negrete Abdala, nieto de María Abdala, la misma de la novela de Juan Gossain, es presidente honorario de la SADO, Sociedad de amigos del Old Parr, milagroso licor cuyo consumo es hoy tan habitual entre ellos como el del ñame y el suero.
Por su parte, Zuleta sigue fiel a los postulados del pollo y me consta que con ánimo buena fe siempre recomienda la milagrosa fórmula, para tratar desde la picada de culebra hasta migrañas, hernias y fracturas en el pie y asegura que ésta nunca le ha fallado a la hora de conseguir un sobregiro, tirar un varillazo o que le condonen una deuda bien añeja. El día que tengamos Grammy latino para los bebedores no creo que haya alguien capaz de bajarle a Poncho Zuleta el preciado gramófono.



lunes, 15 de julio de 2013

HISTORIA DE LOS EXITOS DEL VALLENATO

Rosendo Romero ese día viernes acababa de plasmar en un casete en blanco y pirata su última inspiración que le había llegado desde más allá de las estrellas. Sin pensarlo dos veces tomó el casete y le pidió a un amigo que ya que iba de Villanueva para Valledupar, le hiciera el favor de llegar a La Paz y le dejara esa grabación de paso al cantor Jorge Oñate, y le dijera que se lo enviaba Rosendo, el hermano de Israel, el del Binomio.

Pero el amigo de Rosendo antes de emprender su viaje se le dio por chismosear qué había grabado Rosendo allí sin pedirle permiso a nadie, y luego de escuchar la poesía vuelta canción optó por olvidar el pedido del Poeta de Villanueva y pasó de largo por La Paz derechito a donde vivía quien se estaba abriendo camino en este mundo turbulento del vallenato, el cantor Diomedes Díaz en Valledupar y se lo entregó. ¿El nombre de la canción? ¡Fantasía!


A Jorge Oñate le han sucedido cosas curiosas. A parte de lo de “Fantasía”, Iván Ovalle, el laureado compositor y regular abogado le entregó una canción que a Oñate al escucharla no le produjo ni frío ni calor, y Ovalle celebraba por anticipado su segura inclusión en “El Folclor se viste de Gala”, producción de Oñate de comienzos de un año incierto.

Salió el disco y no vino nada. Qué vaina! Ovalle desilusionado encontró a un grupo en Barranquilla que quería regalar algo bueno en su primera grabación y le entregó sin grandes expectativas la canción rechazada por Oñate a los Muchachos: “Volver a la ternura”.


Pero no todo ha sido de esas características para “El Ruiseñor del Cesar”. Fue quien primero creyó en el talento del arquitecto Luis Aniceto Egurrola Hinojosa, cuando por medio de su hermana, la Reina María Teresa, escuchó “Una aventura más”, canción que grabó sin tantas vueltas para no repetir la experiencia amarga de “Volver a la ternura” y le resultó.


Además fue Oñate quien animó al maestro Armando Zabaleta para que le compusiera una canción sentida a Freddy Molina, compositor y amigo de ambos y quien acababa de fallecer. Con la inspiración sublime del maestro Zabaleta Guevara y el canto sentimental de Oñate González pasó a la posteridad “No voy a Patillal”. El afamado compositor, excelente ser humano, e insuperable amigo de sus amigos, Gustavo Gutiérrez Cabello, hizo algo que nunca había hecho: Pedir el favor de que le grabaran una canción. Pero lo hizo.

Le pidió el favor a su amigo del alma, el cantante Rafael Orozco, que incluyera en su disco “Internacional” una canción que le había salido de sus entrañas. Rafa la escuchó y le respondió al compositor que le había gustado pero que le cambiara la letra. Gutiérrez se negó. Se la cantó a Oñate y ni fú ni fá. ‘Beto’ Villa, acordeonero excelso y un caballero en toda la extensión de la palabra, acababa de formalizar su unión con el cantante Poncho Zuleta y quería hacer una grabación que quedara enmarcada con ribetes dorados en la historia vallenata. Escuchó el tema y le impactó. Luego se lo mostró a Poncho y “El Pulmón de Oro” se emocionó tanto que grabó “Mi niño se creció” con una entrega, sentimiento y profesionalismo digna de admiración que se siente cuando se le escucha.



A Marciano Martínez le pasó algo similar. Se encontró con “El Cantor Triunfante” y le cantó algo que acababa de salirle del horno. ‘Beto’ Zabaleta le dijo que no, que eso era muy llorón y se negó a grabarla. Marciano que no pierde la compostura ante ninguna adversidad, guardó su prenda preciada esperando una oportunidad, y se le presentó vestida de Diomedes Díaz cuando éste le reclamó en broma que si era que no pensaba darle nada para “Título de Amor”. Ahí se acordó Marciano de la canción rechazada por Zabaleta y Diomedes encantado la grabó: “Amarte más no pude”.


En cambio, antes de morir, ‘Juancho’ Rois le entregó un tema a Los Betos quienes lo estaban ‘pisteando’ en la sala de grabación cuando se produjo el deceso de Rois. Diomedes se enteró y amenazó a Sony de que si Los Betos incluían ese tema en su producción se acababa el mundo. Como era la época en que “El Cacique” era el ‘Niño Consentido’ de Sony, Los Betos sacaron el tema de su disco y “No Comprendo” fue grabada por Diomedes.


Adaníes Díaz el cantante riohachero que acompañaba a Héctor Zuleta, parrandeaba con Marciano Martínez en Maicao y ambos cantaban ‘Juana’ canción de Marciano grabada por Adaníes y Héctor. Como se aproximaba el turno de grabar nuevamente de este grupo, Marciano le cantó una composición inédita. Adaníes se emocionó y dijo: “Esa va, compadrito”. Pero al compositor no le gustó cómo Adaníes interpretaba su obra.

Tiempo después Diomedes le dijo que por qué carajos no le había dado nada, que él comenzaba a grabar. Diomedes lo invitó a Valledupar y Marciano cantó. Diomedes hizo lo mismo y le explicó que lo que acababa de cantar era un agradecimiento por tanto honor inmerecido de los amantes del vallenato para con él.

Diomedes grabó los temas cantados a capella ese día por los dos: Para mi fanaticada y La Juntera. Al año siguiente Diomedes se quedó esperando una canción que su amigo del alma, Marciano, le prometió que sería el éxito de “Con Mucho Estilo”.

Esa canción nunca llegó a las manos de Diomedes por culpa de un hermano de Marciano. El compositor que es una persona seria y correcta, sí le había enviado a Diomedes el casete prometido con su hermano, pero éste había escuchado el tema y se dijo que no era digno de ser grabado por El Cacique de la Junta, que la canción “era mala” y optó sin el permiso de Marciano por entregárselo al primer grupo que encontrara en el camino. Fue así como se encontró con Chiche Martínez y Miguel Herrera y les entregó el casete que era para Diomedes y contenía una bomba musical: ”Venceremos”.


Camilo Namén siempre quiso que su compadre Poncho Zuleta le grabara un merengue que le estaba dando vueltas en la cabeza. Siempre que se encontraban Poncho le prometía a Namén que le enviaría a Iván Zuleta a su casa para que lo grabara, e Iván nunca fue enviado por Poncho a donde Camilo.

En una buena parranda Camilo le cantó su merengue sabroso a Iván Villazón quien lo grabó inmediatamente e hizo de “El Pechiche” un éxito insuperable.



domingo, 14 de julio de 2013

LA VERDAD SOBRE LA BRASILERA

La Brasilera, es un merengue vallenato muy conocido, del recien fallecido compositor, Rafael Escalona. Pero esta cancion, tiene la misma melodia de un merengue de Leandro Diaz llamado Corina. 

Buscando algo de informacion sobre el caso de la Brasilera y Corina, encontre lo siguiente:

Con toda seguridad, ninguna canción ha tocado las vidas de tantas mujeres como esta Brasilera que nos dejó Rafael Escalona. Con el maestro ya sepultado y homenajeado, no está de más tratar de aproximarnos a una verdad que en alguna parte se quedó embolatada.


La primera "brasilera" necesariamente tiene que ser Corina, un merengue del ciego prodigio Leandro Díaz. Compuesta mucho antes de que Escalona lanzara La brasilera, la canción contiene, con milimétrica precisión, la melodía original, aunque su letra original es otra: Yo contaba una morenita / y quise brindarle mi vida / un día fui a hacerle una visita / pero la encontré retraída...

Claro que la encontró retraída. En realidad, Corina Ramos jamás le aceptó galanteos a Leandro. Hoy, con 75 años, me dijo risueña: "Es que Leandro era más enamorao que un perro lanudo".

Tres años después, Leandro regresó con la misma lana y pretendió a la hermana mayor de Corina, Clementina, quien se convirtió para siempre en alma y ojos del ciego.
Ya van dos mujeres y todavía no aparece Escalona en la película. ¿Cómo terminó Escalona con la melodía? La versión más reciente al respecto la cuenta el artista Efraín Quintero. Es aquí donde surge en esta historia algo parecido a una brasilera de verdad.

En una parranda con varios generales de la época, en la hacienda Las Flores, de propiedad de la familia Murgas, estaba como invitada especial una bella brasilera llamada Pia Dos Santos. Leandro cantó allí su Corina y, aprovechando la melodía, los dos se trenzaron en un duelo de versos, en la mayoría de los cuales Escalona cortejaba a la brasilera. De ahí habría surgido: "Yo la conocí una mañana que llegó en avión a mi tierra...". Ese fue todo el contacto de Escalona con la chica que Quintero describe como "de cabello ensortijado y ojos verdes".

Unos días después, Escalona acude a El Bosque, un bar de muchachas en Valledupar. Allí estaba una Zoila, cuyo nombre artístico era 'La brasilera'. Escalona retrajo los versos de Las flores para cantarle a la meretriz. Y ahí van cuatro "brasileras".

Ricardo Gutiérrez, investigador y coleccionista, nos cuenta otra historia. Dice que a Valledupar llegaron tres santandereanas a trabajar en los bares. Una de ella se llamaba Isabella. Gutiérrez dio con ella hace poco y escuchó la historia de sus propios labios. Según ella, Escalona la abordó en el aeropuerto y ella, por meterle picardía, le dijo que era brasilera.

Escalona contó la historia de muchas maneras posibles, diría yo que según al candor del interlocutor. Me temo que al autor de esta columna le contó la versión más cándida de todas Julio Oñate, el connotado investigador, me cuenta que en efecto el empresario Luis Murgas trajo a Valledupar al Embajador de Brasil y que éste vino con una despampanante sobrina, con la cual Escalona se dio un baño mítico en el río Marquesote y a la que terminó dedicándole Corina, con "melodía prestada". Sostiene Oñate que unos días después conoció a Sofía (la sexta brasilera) y le acomodó a ella la canción de la Dos Santos. El mismo Oñate me cuenta que en el año 1969 conoció en Valledupar a una hermosa brasilera y que ella le aseguró que era la protagonista del tema. Julio ignora si es cierto o no, pero eso no deja de convertirla en la séptima "brasilera".

Hasta que se me dio por llamar a la familia de Murgas, que tiene por qué saber. Ellos me contaron el viernes la verdadera historia. La tal brasilera no era brasilera, sino en efecto santandereana y a todas luces mujer de bar. Escalona andaba tan enamorado de ella que terminó llevándola a la hacienda Murgas, so riesgo de que las esposas "oficiales" de sus amigos se enfurecieran. Optaron entonces por la salida más fácil: les dijeron a las esposas que la joven estrafalaria allí presente era "una brasilera". Para hacer creíble el embeleco, Escalona tomó la canción de Leandro y le puso letra. ¡Las vueltas que da la verdad!

La Contestacion a la Brasilera
Armando Zabaleta, quien juro no volver a Patillal, fue un compositor que nunca se quedaba callado cuando de composiciones se trataba. Leandro dice de el : "...a un compadre del Molino y Villanueva, ese compadre es Armando Zabaleta el hombre que componiendo se respeta demuestra sus cualidades cuando canta, cuando salen las canciones vallenatas y tienen algun detalle se impacienta...".

Armando Zabaleta, sin lugar a dudas tuvo cierta rencilla contra Rafael Escalona. "El Festival" es una cancion que ataca directamente a Escalona :

"el festival vallenato se esta cayendo y con el tiempo lo dejaran de hacer, por que ahi para que gane un musico bueno tiene que estar de acuerdo con Rafael, este año (Luis) Enrique (Martinez) no gana el premio por que Escalona no gusta de el... Zabaleta no va mas al Festival mientras este organizado por Consuelo, por que ella y Escalona quieren acabar con el prestigio de los musicos buenos..."

La contestacion a la Brasilera, es llamada "Rafa no te enamores". Un pedazo de esta cancion, la interpreto Carlos Vives al final del disco de "Clasicos de la Provincia".


Del: ABC del Vallenato

sábado, 29 de junio de 2013

EL DIA QUE ALEJO SE EMBORRACHO


Mucho se ha especulado sobre la vida del ‘negro’ Alejo Durán, especialmente en lo que respecta a su total abstención por el alcohol,  ya,  que algunos afirman que en su juventud si bebía, pero que alguna ocasión bajo el efecto de los radicales etílicos, en una parranda le pegó un pescozón a un necio que lo acosaba y al ver que el tipo tardaba largo rato en recobrar el conocimiento, se llevó un tremendo susto, pensando que lo había dejado listo jurándole entonces a Dios Todopoderoso que no volvería jamas a ingerir un trago, ni gorreao, pero esto son solo especulaciones sin ningún fundamento.

Sobre el particular tengo un testimonio muy revelador y es el de Joselina Salas Buelvas, natural del Yucal (Bolívar), la mujer con quién el negro Alejandro se casó el 7 de marzo de 1951 en Barranquilla, quien me confirmó que ni siquiera el día del festejo matrimonial lo vio empinando el codo, solo tomaba gaseosa y siempre la pedía tapada procediendo a descorcharla con su propio destapador, ya que vivía con el temor de que en una bebida pudieran echarle alguna sustancia maligna, pues ‘El negro’ era supersticioso en extremo.
Sin embargo, un episodio relatado por su guacharaquero de siempre José Tapia Fontalvo, nos muestra quizás la única ocasión en que su férrea voluntad fue quebrantada.  Estaba en Cereté para una fiesta del algodón un 2 de febrero y  a Durán lo atormentaba la urgencia de enviar unos recursos monetarios para su casa en Planeta Rica, pero no aparecía ningún parrandero solicitando un toque.  Como mandado de Dios, se presento  don Roque Guzmán, uno de los grandes bebedores de esa región, inmortalizado por “El cabo Erran” en uno de los clásicos del porro y que lleva su nombre: “Roque Guzmán”.    El personaje con su temple habitual y sabiendo que Durán era un abstemio reconocido le ofreció mil pesos si se tomaba una cerveza.  Bordeaba el año de 1970, cuando la plata todavía tenía valor y la suma ofrecida era un montón de dinero.  Sin dudarlo un instante, Alejo aceptó la oferta y despacho de un solo jalonazo una cerveza costeña.  Don Roque pago la apuesta e inmediatamente le ofreció mil más si se dejaba correr la otra, a lo que ‘El negro’ le respondió: “Pero esa te vale dos mil”.  Guzmán sacó la plata que en esa época no le faltaba, pero ‘El negro’ escurrió el bulto diciendo que con los mil que ya tengo en el bolsillo yo resuelvo mi problema, y en esta forma frustró las intenciones del simpático personaje que lo único que quería era emborracharlo.
Este episodio revela la grandeza del alma del ‘negro’ Alejo, a parte del consabido espíritu de abstinencia, puesto que claudicó pero por el bondadoso fin, de enviar el dinero a su familia y una vez solucionado eso, no se dejo tentar por plata ya que su voluntad fue más fuerte que el atractivo del billete.
Claro que Tapia me comentó además, que Alejo sintió el efecto de la cerveza, ya que iba muy eufórico, con el ojo brillante, el sombrero a medio la’o y apostando que el era capaz de meterse a la corraleja y sacarle cuatro mantazos al toro, pero con el acordeón y ese día, parrandeando con su amigos cereteanos al animar el toque de sus canciones, no se escuchaba el habitual “OA y APA”, sino un grito constante diciendo ¡SABROSO! ¡SABROSO!
Por: Julio Oñate M.
Tomado de la obra: Los secretos del vallenato. 

MATILDE LINA


Por: Celso Guerra Gutierréz

  La canción más popular  del maestro Leandro Díaz Duarte, se conoció en la versión de Alfredo Gutiérrez, cuando este la grabó en 1971.
  Rodrigo Oñate, amigo y compadre de  Alfredo, se la escuchó a Leandro  cuando el  bardo, la interpretó en una parranda, acompañado por las guitarras sandieganas de, Juan Calderón, Antonio Ibrahim y Hugo Araújo; Oñate, quedó prendado por la belleza literaria de semejante canto, e inmediatamente, se la recomendó  al intérprete.
Leandro Díaz,  hizo este canto a orillas de las cristalinas aguas del  río Tocaimo, ubicado en la población del mismo nombre, corregimiento de San Diego de Las Flores, quien junto al caserío de El Rincón, le dieron cariño y calor humano para que este gran juglar, compusiera en este entorno sus mejores canciones  y desplegara todo su talento y lo irrigara por todo el planeta.
  Matilde Lina Soto Negrete, verdadero nombre de la  musa inspiradora de esta legendaria canción, es una agraciada dama oriunda del caserío del Plan, corregimiento de La Jagua en La Guajira, anclado en plena Serranía del Perijá, a la cual, Leandro conoció  en una fiesta en Manaure, a donde Díaz, fue invitado por su acordeonero y compañero “Toño” Salas.
Matilde era cuñada de Toño Salas, además pariente de la “Vieja” Sara, Madre de Emiliano Zuleta Baquero.
En la fiesta de la virgen del Carmen, patrona de Manaure, que ambos disfrutaban de ese año 1970, escuchó Leandro,  la voz dulce de la fémina que no reconoció  y al indagarle a  ella por su nombre, le respondió, que se llamaba Matilde Lina.
El juglar quedó enamorado  de la dama a la que le ofreció una  visita en su tierra, El Plan.
Allí llegó para un 11 de noviembre  a cantarle y la serenateó  con la canción  que años más tarde se convertiría en icono del folclor vallenato.
Matilde Lina, quedó embelesada con semejante oda que Leandro antes de hacerla grabar, la había hecho muy popular en la región acompañado por su compañero de muchos años “Toño” Salas.
Con lo que no contaban los protagonistas de esta historia  es que el romance no se podía dar, ya que ambos  contaban con una abundante prole, ella, con  su esposo y 4 hijos y  además en estado de gestación y Leandro con 10 hijos aproximadamente.
Este canto de Leandro  le ha dado  a la protagonista mucha popularidad en la región, Colombia y el exterior, tanto que ella manifiesta que su casa se volvió una romería de personas de distintas procedencias que llegan a conocerla.
Matilde Lina, ha sido grabada en muchas partes del  mundo, “El Gran Combo” de Puerto Rico; Roberto Torres, de Cuba; Los Melódicos  de Venezuela y la más conocida , la de Carlos Vives, el cual en el sepelio le agradeció  a Leandro  haberle mostrado el camino de Valledupar y desviarlo de Hollywood.

jueves, 20 de junio de 2013

PABLO FLOREZ Y LA AVENTURERA



Recientemente terminó su debut ante la vida el notable compositor sinuano  Pablito Flórez, es esta la historia del paseo la aventurera, una de sus canciones más  más conocidas:
Hacia finales de 1962, al conformarse en Ciénaga de Oro, Córdoba, el Combo Orense, de Antolín Lenes, Pablito Flórez, su timbalero, se rebuscaba con sus amigos músicos en las fiestas pueblerinas del alto y bajo Sinú. Si bien en la Costa Caribe ya se conocían algunos porros y gaitas interpretados por la Sonora Cienaguera (de Ciénaga de Oro), nombre artístico con que la Disquera Fuentes identificaba la tropilla musical del célebre Antolín, las oportunidades de trabajo para la gente del pentagrama eran en extremo escasas en una tierra en la que ser músico es casi una religión.
La historia de la Aventurera
No obstante, el grupo consiguió un contrato en Valencia, otro pueblo de Córdoba, cercano a Tierralta, para amenizar las veladas de fin de semana en el cotizado burdel de Petrona Naranjo, la más prestigiosa promotora vaginal de toda la comarca.
Como la proximidad de la fiesta brava atraía a gente de todos los pelambres, un trío de indomables damiselas entró a realzar con sus ofertas de caricias el cartel de Petrona. Entre ellas sobresalía Ninfa Isabel, una belleza sinuana de piel acanelada, pelo castaño, grácil figura y finos modales, cuya sonrisa casi le endereza la joroba a Pablo Flórez. A este lo acompañaban Filiberto González, Diego Espinosa, Antonio Franco, el “Kike” y algunas veces el maestro Antolín.
La primera noche el sitio estaba repleto, y los músicos departieron y libaron copas con las debutantes. Pablito sólo tenía ojos y frases galantes para Ninfa Isabel, la de la turbadora sonrisa. No hizo antesala el amor, y al despuntar el alba sus corazones y sus cuerpos se trenzaron en un ardoroso encuentro que hizo trepidar y traquear con intensidad y ternura el viejo catre de lona de los amores de alquiler.
Terminada la corraleja, Ninfa Isabel levantó el vuelo hacia otros pueblos en fiesta en los que billetes y deseos rodaban sin control, y cuando las circunstancias se lo permitían regresaba para reunirse con Pablo donde Petrona, y avivar el fogón feliz que ardía en las entrañas del trovador. Si a ella le encantaba su musicante, a él la hembra lo traía de un ala. Así se fue consolidando entre los crujidos complacientes del nada casto catre una relación descomplicada, sin celos ni reproches, al tiempo que Maxi, la esposa de Pablo, enterada del tórrido romance, inició sus interminables retretas de lengua celosa.
Ninfa Isabel
Para los compañeros del conjunto, Ninfa Isabel, quien siempre regresaba con la cartera abultada por su peculiar peregrinaje por las tierras altas y bajas del Sinú, era “la Aventurera”, y, aunque en ocasiones le pegaba su refuercito monetario a las arcas minúsculas de Pablo, las bromas por su estado de cachón contento y enamorado empezaron a proliferar. Por esa época, Pablo debió acudir en Montería al consultorio de su amigo el doctor Mendoza en procura de un tratamiento contra un fuerte y constante dolor de cabeza que lo agobiaba. El diagnóstico del galeno sólo contribuyó a incrementarle su tormento: “Tu problema es que pesan demasiado los cachos que te pega Ninfa”.
Cuando, pasado algún tiempo, el burdel de Petrona perdió un poco de auge y las actuaciones en vivo de los músicos orenses disminuyeron su frecuencia, Ninfa se perdió en la vorágine cabaretera del viejo Bolívar, mientras Pablito, con su guitarra compañera, recorría las fiestas sabaneras, desde Sincelejo hasta El Caramelo, siempre con la esperanza de volver a saborearla. Como no la encontraba, desconsolado le enviaba cartas que nunca obtenían respuesta, mientras su tristeza contrastaba con la alegría de Maxi al sentir nuevamente a su macho dentro del corral. Con el sentimiento de un poeta herido, compuso el paseo La Aventurera, que Antolín y su Combo Orense grabaron para la etiqueta fonográfica Codiscos, vocalizada por el autor:
La Aventurera.
Hace tiempo que ha salido de mi pueblo
Una mujer aventurera y no se sabe dónde está,
La pregunto por todas la carreteras,
Por todos los caminos, pueblos y ciudad.
Esa mujer tiene fama de ser buena
Porque así lo ha demostrado y he presenciado yo,
Una vez que se fue pa’ Cartagena
Pensó que me moría y enseguida regresó.
Si supiera que la quiero
Volvería por estas tierras,
Al pueblo Ciénaga de Oro
Donde tiene quien la quiera.

Un éxito
Esta canción estuvo de moda durante mucho tiempo en toda la Costa, e hizo de sus intérpretes los preferidos del público a la hora de algún bailoteo.
Cuando en 1964 Petrona quiso reactivar el negocio, envió señales de humo a los del Combo y a sus antiguas damiselas y todos llegaron hasta el puerto de Montería. Al embarcarse en el río Sinú rumbo a Tierralta, el corazón de Pablo volvió nuevamente a latir como el bombo de una banda papayera, ya que en la embarcación iba Ninfa Isabel, en la misma dirección.
La última vez que la pude ver de cerca
Fue en el puerto de Montería, y enseguida se embarcó.
Iba rumbo directico pa’ Tierralta,
Muchas veces le escribía y jamás me contestó.
El desquite
El desquite de la cruel ausencia y el olvido fue una lujuriosa luna de miel de dos semanas, al cabo de las cuales Pablo regresó a su casa bastante liviano de peso y sin un peso en el bolsillo. Su mujer, que ya había olfateado el tocino, le armó un tremendo berenjenal y hasta le pidió la separación. Como un rayo salvador, una llamada telefónica le anunció a Pablo que en la Caja Agraria tenía las regalías musicales de La aventurera. Al momento de cobrarlas exigió que los dieciocho mil pesos que debían entregarle se los dieran en billetes de uno y de dos pesos. Con dos bolsas repletas de papel moneda, Pablo entró en su casa y vació su contenido sobre la mesa del comedor. Su esposa, oscilante entre el temor y la desconfianza, se negaba a recibir el dinero convencida de que aquello era producto de algún atroz delito cometido por él, pero al explicarle su marido que era el fruto de los derechos autorales de La aventurera, no sin evidente fervor imploraba al cielo diciendo: “Bendita sea, y ojalá que Dios la vea por donde quiera que ande”.
Voy a ir a la fiesta’ El Caramelo
Donde dicen que es preciso que ella sale a aventurar,
Para de nuevo decirle que la quiero,
Conquistármela de necio y hacerla regresar.
Si supiera que la quiero
Volvería por estas tierras,
Al pueblo Ciénaga de Oro
Donde tiene quien la quiera.
Tiempo después, la inspiración afloró de nuevo y Pablo compuso el merengue La del tatuaje, que expresa con fidelidad su martirio y su desesperanza. Desde entonces un halo de leyenda ha crecido en torno a esta enigmática y resbaladiza mujer:
La paso tomando ron
Por una ingrata que me engañó
Y se llevó mi corazón
Dejando el cuerpo sin el timón.
Si alguien me da noticia,
Con mucho gusto le pagaré,
Su filiación es facilita,
Espere amigo y le contaré.
Ahora le voy a decí
A ver si usted me la ve,
Su nombre le prometí,
Se llama Ninfa Isabel.
Muchos años pasaron, la herida cicatrizó, pero los recuerdos afloran cada vez que Pablo Flórez interpreta La aventurera, obra que fue y sigue siendo su carta de presentación musical no obstante la gran popularidad de su reciente creación Los sabores del porro.
A finales de 1980, por allá por Tierralta, se dio un sorpresivo encuentro entre ellos dos, más traumático que halagador, en el que Pablo casi no reconoce a la desteñida y ajada flor a quien el verano inclemente de los años y los desgastadores amaneceres del prostíbulo le habían quitado la fragancia y el color. Ese mismo día, en parranda de amigos, le compuso una nueva estrofa a la canción, que funciona a la manera de un epílogo triste y desengañado de la tormentosa historia:
Sólo quedan los recuerdos,
Añoranzas del ayer,
Ya tiene blanco su pelo
Trasnochado en el burdel.
En lo que parece ser una constante en las mujeres de vida alegre cuando llegan a su otoño, Ninfa Isabel ha dado un vuelco místico a su vida y se ha dedicado a rezar y a predicar sus creencias religiosas en Barranquilla.
Hace algunos años, el diario El Meridiano de Córdoba le tributó un homenaje al eximio compositor sinuano, al cual invitaron también a Ninfa Isabel, la aventurera en uso de buen retiro, quien fue la encargada de entregarle una placa conmemorativa. Esa última noche, en la tarima del evento, los latidos de sus corazones cansados no fueron más que la sombra sorda del repiqueteo travieso de aquel frenético catre viejo del visitado burdel de Petrona.
Por: Julio Oñate M.

sábado, 25 de mayo de 2013

EL COLIBRI DE EMILIANITO ZULETA

Por: Julio Oñate

Cuando a partir de la década del sesenta del siglo anterior la fabrica Honner de Alemania comenzó a fabricar para el mundo los acordeones de tres hileras referenciados como tres coronas, fueron cuatro tonalidades diferentes que nos llegaron para enriquecer la expresión melódica del vallenato, cuyos signos son los siguientes de los tonos bajos a los tonos altos: el cuatro letras, el GCF, el ADG y el Cinco Letras.
En 1970 Emilianito Zuleta organiza su conjunto con la voz de Poncho, su hermano y que después de la primera grabación L.P Mis preferidas seguiría llamándose conjunto de Los Hermanos Zuleta.
En las producciones musicales de los primeros años se presentaban algunas dificultades para Poncho ya que siendo el cinco letras la tonalidad más alta todavía resultaba un poco baja para la tesitura dominada por él y en la grabación de algunos temas no quedaba realmente satisfecho con el logro obtenido. Esto era una preocupación constante para Emilianito, quien por allá en 1975 compartía inquietudes al respecto con Lucho Campillo (el viejo) su técnico de acordeones en esa época. Después de algún tiempo dándole vueltas al asunto Emilianito le hizo el siguiente planteamiento: si al cinco letras le suprimimos la hilera de afuera y trasladamos la del centro hacia afuera y la de adentro la rodamos al medio, podríamos fabricar una hilera adicional para el espacio vacio, pero que se ajuste al ordenamiento de las escalas que quedan y así tendríamos un acordeón mas alto que el original.
Fue este el genial chispazo que les indicó el camino a seguir, pero de dónde diablos iban a sacar las liras (pitos) requeridas y las planchitas que las soportan si las del cinco letras eran las más pequeñas que venían de fábrica; el tema estaba planteado, faltaba entonces encontrar la solución. Era la época en que Emilianito residía en Bogotá en el edificio Torres de Fenicia de la 5ª con diecinueve, alternando su trabajo en la Corporación del Turismo con el ajetreo musical. Diagonal, al lado del hotel Niágara, funcionaba el taller de don Prospero Rodríguez un componedor de pianos y acordeones de teclas que en algunas ocasiones le colaboraba a Emilianito cambiándole pitos dañados de sus acordeones, quien tenía en su cuarto de San Alejo un arrume de planchitas de los instrumentos que reparaba y allí encontró Mile lo que podría necesitar trayéndose un saco de material para Valledupar para que Campillo fuera craneándose y elaborando la tan necesaria hilera. Con los pitos, la cosa era más sencilla pues de los más grandes y gruesos, cortándolos y quitándoles espesor a punta de lima se obtienen los más finos y delgados que la gente de Mathias Honner no fabrica. Campillo hizo lo suyo y así nació el acordeón colibrí o cinco letras alzao (Re sostenido, Sol sostenido, Do sostenido) el primer modelo fruto del ingenio vallenato que rompía con la tradición alemana. El bautizo de colibrí al nuevo acordeón se lo dio Campillo en alusión a la más diminuta de las aves que sin duda debe ser la del más fino trino.
Cuando los Zuleta grabaron el paseo “Olvídame” de Leandro Diaz el colibrí dejó escuchar sus agudos registros en la caseta Broadway de Valledupar donde esa noche coincidieron entre los noveleros que arreglaban acordeones Emilio Oviedo, Miguelito Ahumada, Javier García, José Luis Sierra y el maestro Ovidio Granados para ver y oir el nuevo acordeón que iría a revolucionar los conceptos existentes sobre la técnica de componer y modificar un tres coronas, ya que la gran mayoría de los músicos insistía al escuchar el disco que ese acordeón no existía y que el sonido exótico y altivo que producía era efecto de un computador o alguna otra triquiñuela electrónica.
Posteriormente Lucho Campillo invento el acordeón Similá y se alzaron los originales GCF y ADG iniciándose una verdadera revolución en la modificación de los acordeones que ha maravillado los patrones europeos quienes están en mora de reconocerle a Emilianito Zuleta y a Lucho Campillo los méritos como precursores en la fabricación de acordeones con tonalidades que los europeos no han podido igualar.

LAS PRIMERAS ANDANZAS DE COLACHO EN VALLEDUPAR

El mercado público de nuestros pueblos provincianos era el sitio preferido por los músicos que llegaban de paso o para quedarse siempre pendientes de algún rebusque con los viajeros, comerciantes, finqueros o bebedores amanecios, que allí se congregaban con el fin de resolver cualquier necesidad. Fue en el viejo mercado de Valledupar donde una tarde decembrina del año 1954, el Yio Pavajeau y Jaime Molina, descubrieron a Colacho Mendoza cervezeando con un par de paisanos y tocando solo con un viejo acordeón de aquellos de dos hileras llamados guacamayos. Se quedaron allí noveleriando y entusiasmados por la nota alegre y precisa que desgranaba el joven y desconocido acordeonero. Se asociaron con los bebedores y después de mandar algunas tandas de cerveza Nevada cuadraron un encuentro para el día siguiente en la residencia de Norberto Baute donde Lucho Castilla, un acordeonero local amenizaba una colita. Un verdadero y cordial mano a mano sostuvieron los dos músicos generando muchos elogios y efusivos abrazos. Este encuentro con el Yio Pavajeau fue determinante para que Colacho cambiara el escenario y dejara el rebusque en el mercado para entonces entrar airoso a la plaza Alfonso López y ser presentado y aceptado ante la sociedad vallenata, que en ese entonces miraba con recelo a los músicos de acordeón. La sencillez y calidad de Colacho se ganaron el aprecio y admiración del Dr. Roberto Pavajeau quien veía con agrado el nuevo compañero de su hijo Armando “el yio”; fue una amistad muy bonita, siempre andaban juntos y este después de enseñarlo a manejar en su campero Willis, Colacho comenzó a trabajar para la familia Pavajeau Molina. Él era el encargado de traer de la finca Jericó, cerca a Valledupar los cuatro calambucos de leche que diariamente dejaba el ordeño. En ocasiones en que el parrandeaba con amigos diferentes Doña Rita, la señora madre de los hermanos Pavajeau siempre le enviaba la razón que no se olvidara de buscar la leche por la mañanita. Colacho jamás le falló, pues en la madrugada se iba con quien estuviera bebiendo hasta Jericó y al son del acordeón muy temprano se presentaba con la leche. La responsabilidad fue una de sus grandes virtudes. Su biógrafo, el incansable y acucioso investigador Jaime Maestre Aponte nos ubica a Colacho llegando a Valledupar en el 53 como huésped de su amigo y colega Víctor Camarillo. Viajaba desde La Jagua del Pilar en el bus “La villanuevera” de Abel Darío y desde muy temprano se dedicaba a vender lotería en el sector del mercado para regresar por la tarde por el mismo conducto, diariamente iba y venía, así duro algun tiempo, hasta ser descubierto por los Pavajeau quienes lo relacionaron con el maestro Escalona y de la mano de este inicio el recorrido victorioso a través de nuestra historia musical que hoy lo registra con el nobilísimo titulo de primer Rey de Reyes del folclor vallenato.

Por: Julio Oñate Martínez

DE OFICINA EN OFICINA


Si Agustina es mala paga A mí me tiene que pagá Porque la voy a demandá y la llevo A la oficina de la Jagua… Esta fue la clara advertencia hecha por el acordeonero Juan Manuel Muegue, cuando su parienta Agustina Muegue, mejor conocida como Agustinita le salió con unas largas y otras cortas a la hora de cancelarle un toque en la fiesta de la Jagua del Pilar. En los pequeños pueblos de antes, la oficina desde donde despachaba el Inspector de Policía era el recurso que a la mano tenían los provincianos para atesarle las clavijas a los pícaros y a los atrevidos gavilanes que se llevaban a las palomas volantonas o también a aquellos audaces glotones y bebedores que de cualquier patio se robaban la olla del sancocho armando una gresca en la puerta de la casa para así distraer a los contertulios. En términos generales la oficina era la máxima autoridad en la época encargada de imponer el orden ante cualquier anomalía cotidiana. No dejaba de ser vergonzoso que alguien fuera llevado a la oficina por leve que fuera la falta. Estas amonestaciones tenían carácter público ya que el afectado armaba siempre su alharaca y ni el maestro Rafa Escalona se salvó de ellas cuando fue demandado en La Paz por el señor Sabas Torres a quien lesionó en su amor propio comparándolo con un jerre jerre en su ingeniosa canción un animal nada simpático: Primera vez en la vida Que a Escalona le sucede Lo llevan a la oficina Por culpa de un jerre jerre Recursivo y excelso en el verso narrativo Escalona demandado se presentó en la oficina utilizando el canto como defensa: Aquí vengo señor juez A cumplirle con su cita Y que culpa tengo yo Que se parezca a Sabita Ser llevado a la oficina muchas veces tenía graves implicaciones de orden económico ya que de acuerdo al carácter de la falta así se aplicaba la multa. Fue el caso del viejo Emiliano Zuleta cuando abandonó a la Pule con su hijo pequeño, para casarse entonces con Carmen Díaz. Así lo expresó en el merengue La Pule: Me le dice a mi familia Que estoy pasando trabajo Que Pule tiene a Emiliano De oficina en oficina Afortunadamente para Mile aún no funcionaba el bienestar familiar y la paternidad responsable no tenía el peso de hoy. En la cruenta piquería sostenida entre Luís Enrique Martínez y Abel Antonio Villa, como respuesta al merengue El Zorro Vallenato con el cual Abelito lo fustigaba, Luís Enrique le respondió con el paseo La Gallina del cual tomamos esta muestra: Abel Antonio a mi me trata de zorro Oigan amigos pero el será la gallina Oigan muchachos cuando me lo encuentre solo Para salvarse tendrá que buscá oficina La oficina simbolizaba la oficialidad y El Pollo Vallenato era consiente de ello puesto que esta no solo sancionaba, sino también brindaba protección como en este caso. Hoy las cosas han cambiado y la oficina de la vieja provincia ha quedado relegada a las inspecciones de policía. Anteriormente el inspector era el encargado de llevar el control de la justicia en este sitio de mucho respeto donde el peso de la ley se le aplicaba a cualquier infractor, pero con el crecimiento y desarrollo de los pueblos esta perdió importancia ante la burocracia y tanto servidor público y hoy son los abogados los personajes de moda, pero quizá no han llegado a tener la trascendencia de los viejos inspectores de antaño. Por: Julio Oñate M.