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domingo, 9 de febrero de 2014

CUANTO CUESTA UN SALUDO EN EL VALLENATO


“Cuando salió el cd de Diomedes la gente criticó que venía saturado de saludos, fue que con la muerte de él, ese tema quedó ahí”. Celso Guerra.

Diomedes Díaz llegó a cobrar $20 millones en su último disco, dice el comisionista Álvaro Álvarez.

Una nueva ‘figura’ surge, o tal vez se hace más visible ahora en el muchas veces controvertido ambiente de los artistas del vallenato: el ‘comisionista de saludos’.

Persona del círculo íntimo del cantante quien se encarga de conseguir a gente con dinero suficiente, e interesada en que su nombre se mencione en un disco, para así ‘pasar a la historia’, o ‘inmortalizarse’, como suelen decir orgullosos tras ser nombrados.

La mayoría de las veces son narcos; políticos y funcionarios corruptos.

“Ya no es un secreto para nadie que hay alguien encargado de llamar y ofrecer el espacio para el saludo. Se cobra el precio de acuerdo con el tema, y la parte de la canción en que se hace. Si va al principio vale más”, admite Javier Fernández, director de Olímpica Estéreo en Valledupar.

Álvaro Alcides Álvarez, reconocido folclorista oriundo de San Juan del Cesar (La Guajira), y a quien llaman ‘Triple A’, acepta sin rodeos que él es un especialista en esta función. “Yo soy ‘comisionista de saludos’ de varios artistas, con Diomedes Díaz en este último CD me fue muy bien, por un saludo del Cacique se llegaron a pagar hasta $20 millones”, afirma. “Es que en estos momentos la plata que generan los saludos superan las ganancias de las mismas casas disqueras.

A Diomedes en su última grabación le fue mejor saludando que con lo que le dio la disquera”, agrega Javier Fernández.

Celso Guerra, investigador del folclor vallenato y hombre de radio en la capital del Cesar, señala que se llegó a este punto de cobrar un saludo en una canción, debido a la depresión que sufrió el mercado del disco con ocasión de la piratería. “Con la plata de los saludos se financian muchas grabaciones”, dice tajantemente.

No obstante, añade, muchos artistas han desistido de esta costumbre de los saludos para no verse inmiscuidos en líos jurídicos, o que los relacionen con gente con problemas ante la ley.

“Poncho (Zuleta) prefiere ahora saludar a los ‘zuletista de corazón’, y no a desconocidos. Ya no le interesa lo económico”, precisa Guerra.

Dice igualmente que en esta misma tendencia de no saludar a nadie se encuentra Jorge Celedón, a quien reconocen haberle dado un impuso internacional a la música vallenata.

“Él (Celedón) que tocaba mucho en Cali, Medellín y Bogotá, por estar mencionando a este tipo de personajes recibió una llamada en la que le advertían que si saluda a fulanito, no respondían. Desde entonces no saluda”, puntualiza Celso Guerra.

Con la consolidación de las mafias del narcotráfico, cuyos capos deseaban también ser mencionados, llegaron los saludos en claves.

“Para evitarse problemas usaban seudónimos, por ejemplo, a Samuel Alarcón le decían ‘S.A’. Había otro al que le decían el ‘teniente Nelson’, y así unos más”, asegura Javier Fernández.

Otro tipo de saludos

Además de los saludos pagos en dinero en efectivo o en especie, con ganado, vehículos, etc; los cantantes también envían otro tipo de salutación, son las dirigidas a la gente de la radio con el fin de que les promocionen sus discos.

“Por el interés de que sonaran las canciones en las emisoras, los artistas empezaron a saludar a los hijos de los locutores. Por ejemplo, los de Alí Guerrero, de Andrés Lopera, ambos de Barranquilla; e incluso los míos”, reconoce el director de Olímpia Estéreo de Valledupar.

Fenómeno de siempre en el vallenato

De acuerdo con Jaime Pérez Parodi, eterno animador en las presentaciones de Diomedes Díaz, y profundo conocedor del vallenato, este fenómeno de la ‘saluditis’ no es nuevo en el folclor, dice que es de siempre.

“Yo discutía a menudo este asunto con Luis Enrique Martínez (Rey Vallenato 1973), él decía que en su época no se cobraba un saludo. Yo le respondía entonces que las vacas, cerdos, o cualquier cosa en especie que les regalaban a ellos, ¿qué era?”

Pérez Parodi afirma igualmente que a partir de 1936, cuando se comenzó a grabar el vallenato, ha habido una remuneración en ese sentido. “Así pasaba desde la época de Alejo Durán, a través de la historia siempre hubo una remuneración por mencionar a alguien, solo que cuando llega la ‘bonanza marimbera’ toma otras dimensiones”, puntualiza a quien llaman en Valledupar, ‘la Biblia del vallenato’.

Recuerda que el único que nunca saludó fue Alberto Fernández, voz de Bovea y sus vallenatos. “Sus discos eran limpiecitos, sin saludos”, reitera Pérez.

Sobre el tema de antaño Celso Guerra dice que antes los juglares les componían a los amigos, a la finca del amigo, al compadre; y en contraprestación recibía una vaca, o una parranda. “Era la única manera de sacarle provecho al oficio”.

Sentencia que realmente no hay fecha exacta de cuando comienzan los saludos. “En los discos de Luis Enrique o de Abel Antonio Villa los saludos eran esporádicos, más bien escasos, pero eso sí, espontáneos, sin comercialización, el único interés del intérprete era congraciarse con alguien. Además, en esa época el vallenato no valía mucho, mejor dicho, nada, pero llegaron los ‘marimberos’ y pusieron los precios”.

Saludos en la bonanza marimbera

En la segunda mitad de la década de los 70, cuando el boom del tráfico de marihuana a Estados Unidos, se entronizó con fuerza en la música vallenata el tema de los pagos por los saludos.

“Por dedicar un disco se empezaron a pagar cantidades altísimas de dinero. Los artistas recibían regalos como las famosas camionetas Rangers, armas y joyas. Diomedes fue uno de ellos, pero no el único,

Hernando Marín compuso el Gavilán mayor. Por esta canción le quitaron un poco de plata a un ‘marimbero’ que dijo que a quien se referían era a él, y ellos aprovecharon. Igual pasó con el tema El Parrandero, de Lenín Bueno Suárez, dedicado en la voz de Poncho Zuleta a Lucky Cotes”, señala Celso Guerra.


Javier Fernández trae a la memoria que en esa misma época el Turco Gil recibió como pago una Ranger de colores zanahoria y negro. “Era la sensación en el Valle, porque nadie tenía para un carro de esos”, dice.

“Ahí comenzó a dársele importancia a los saludos a esta gente, los artistas se dieron cuenta que ciertos personajes los mantenían vigentes y ganando plata durante el año, y en agradecimiento los mencionaban en sus canciones”, recuerda Fernández. “Esto se convirtió en un fenómeno que para muchos significaba estátus, al punto que contagió a políticos y funcionarios públicos, en su mayoría corruptos”, aporta al análisis Celso Guerra.

Javier Fernández finaliza diciendo que es tal la obsesión por los saludos en los vallenatos, que su amigo Tito Bornachera, quien apoya a artistas con vallas y camisetas, cuando estos no lo saludan en sus discos entra en una depresión que lo mantiene encerrado por varios días. “Hay también quienes compiten para ver a quién saluda más”
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sábado, 25 de mayo de 2013

DE OFICINA EN OFICINA


Si Agustina es mala paga A mí me tiene que pagá Porque la voy a demandá y la llevo A la oficina de la Jagua… Esta fue la clara advertencia hecha por el acordeonero Juan Manuel Muegue, cuando su parienta Agustina Muegue, mejor conocida como Agustinita le salió con unas largas y otras cortas a la hora de cancelarle un toque en la fiesta de la Jagua del Pilar. En los pequeños pueblos de antes, la oficina desde donde despachaba el Inspector de Policía era el recurso que a la mano tenían los provincianos para atesarle las clavijas a los pícaros y a los atrevidos gavilanes que se llevaban a las palomas volantonas o también a aquellos audaces glotones y bebedores que de cualquier patio se robaban la olla del sancocho armando una gresca en la puerta de la casa para así distraer a los contertulios. En términos generales la oficina era la máxima autoridad en la época encargada de imponer el orden ante cualquier anomalía cotidiana. No dejaba de ser vergonzoso que alguien fuera llevado a la oficina por leve que fuera la falta. Estas amonestaciones tenían carácter público ya que el afectado armaba siempre su alharaca y ni el maestro Rafa Escalona se salvó de ellas cuando fue demandado en La Paz por el señor Sabas Torres a quien lesionó en su amor propio comparándolo con un jerre jerre en su ingeniosa canción un animal nada simpático: Primera vez en la vida Que a Escalona le sucede Lo llevan a la oficina Por culpa de un jerre jerre Recursivo y excelso en el verso narrativo Escalona demandado se presentó en la oficina utilizando el canto como defensa: Aquí vengo señor juez A cumplirle con su cita Y que culpa tengo yo Que se parezca a Sabita Ser llevado a la oficina muchas veces tenía graves implicaciones de orden económico ya que de acuerdo al carácter de la falta así se aplicaba la multa. Fue el caso del viejo Emiliano Zuleta cuando abandonó a la Pule con su hijo pequeño, para casarse entonces con Carmen Díaz. Así lo expresó en el merengue La Pule: Me le dice a mi familia Que estoy pasando trabajo Que Pule tiene a Emiliano De oficina en oficina Afortunadamente para Mile aún no funcionaba el bienestar familiar y la paternidad responsable no tenía el peso de hoy. En la cruenta piquería sostenida entre Luís Enrique Martínez y Abel Antonio Villa, como respuesta al merengue El Zorro Vallenato con el cual Abelito lo fustigaba, Luís Enrique le respondió con el paseo La Gallina del cual tomamos esta muestra: Abel Antonio a mi me trata de zorro Oigan amigos pero el será la gallina Oigan muchachos cuando me lo encuentre solo Para salvarse tendrá que buscá oficina La oficina simbolizaba la oficialidad y El Pollo Vallenato era consiente de ello puesto que esta no solo sancionaba, sino también brindaba protección como en este caso. Hoy las cosas han cambiado y la oficina de la vieja provincia ha quedado relegada a las inspecciones de policía. Anteriormente el inspector era el encargado de llevar el control de la justicia en este sitio de mucho respeto donde el peso de la ley se le aplicaba a cualquier infractor, pero con el crecimiento y desarrollo de los pueblos esta perdió importancia ante la burocracia y tanto servidor público y hoy son los abogados los personajes de moda, pero quizá no han llegado a tener la trascendencia de los viejos inspectores de antaño. Por: Julio Oñate M.